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La carretera que va de Llançá a Portbou, pasando por Colera, es una maravilla. Tiene un ritmo muy bueno para el que le gusta conducir por carreteras reviradas y el paisaje es extraordinario. Serpentea junto al mar, a una cierta altura; si el día es soleado y la temperatura agradable es una excursión inolvidable para el que la hace por primera vez.

Hace setenta años, en un invierno crudo y con el piso en muy mal estado, la hizo mi padre como Oficial de Ingenieros del Ejército Republicano al mando de un camión abarrotado, camino del exilio. Cada vez que hago esta carretera la disfruto, pero siempre recuerdo este hecho histórico que me refirió mi padre unos pocos años antes de morir. Como muchos veteranos de guerra se acostumbró tanto a callar que al final no le salían las palabras.

Sin embargo, es reconfortante que el azul del mar y la belleza de esta costa escarpada se impongan a la melancolía.

En Portbou visito regularmente el monumento dedicado a la memoria de Walter Benjamin, de Dani Karavan. Está en el lugar más bello imaginable -en palabras de Hannah Arendt, cuando lo visitó para rendir homenaje a su amigo-, junto al cementerio del pueblo que, según una curiosa costumbre bastante extendida, está en un enclave con una vista magnífica.

Es una obra difícil de describir. Es habitable y consta de tres elementos diferenciados; el más importante es una escalera parcialmente cubierta de acero cortén, que baja hacia el mar desde el borde del acantilado. Poco antes del final hay un cristal que nos cierra el paso, en el que están impresas estas palabras del pensador alemán:

Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a la memoria de los que no tienen nombre.

Es una parada obligada, un momento para la reflexión y la contemplación. Muchas veces me he preguntado cómo transformar el dolor en belleza, porque saber esto es entender el proceso creativo en toda su extensión. El artista israelí responde con aparente sencillez a esta cuestión. Es una obra de una poesía sobrecogedora, perfectamente integrada en un entorno poderoso y bello. Es minimalista, respetuosa y elegante.

Es una experiencia.

Hace unos días hice este trayecto solo, en moto, y escribí mentalmente este relato. El lugar inspira, por lo que aquellas líneas no transcritas son mucho mejores que éstas. En otra ocasión, Teresa y yo fuimos con un pequeño grupo de amigos y mientras circulábamos por la escultura nos tropezamos con una mujer que hacía fotos. Algo en su actitud nos llamó la atención. Más tarde descubrimos que iba acompañada, pero su pareja estaba en otra parte de la obra, pues ésta cubre un área más extensa de lo que parece a primera vista.

“¡Está llorando!”. Mi amigo Luis Krauel se inclinó hacia mí para susurrármelo, emocionado. El silencio se hizo más pesado, el aire más liviano, el azul del mar, que es uno de los protagonistas de esta increíble escultura, más azul. Tuvimos miedo, porque los hombres sensibles son barridos por la barbarie.

 

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