porta d Ordis II 3mg

Recuerdo que poco tiempo después de inaugurar la “Porta d´Ordis”, una escultura de hierro de cuatro metros de altura, en el pueblo donde vivo, vinieron a visitarme a mi estudio un grupo de estudiantes de la Escuela Pública de Ordis, acompañados por su maestra. Habían elaborado un extenso cuestionario con preguntas muy concretas, incisivas como sólo saben hacerlas aquellos que no tienen postura alguna que mantener y, en cambio, tienen mucho que aprender.

Les expliqué que en esta serie siempre partía de un principio formal antropomórfico; uno de los pilares de la Porta representa un perfil femenino muy sintetizado y el otro quiere ser el masculino, unidos en su parte superior cerrando la puerta y creando una unidad que simboliza al mismo tiempo la relación entre ambos. Hasta hablamos del ying y el yang, haciéndolo extensivo a otras obras pictóricas que nos rodeaban en el estudio. También recuerdo haber hecho especial mención a la realización de la escultura, a la precisión con que están hechas sus líneas, a la calidad del peso de las aristas y al privilegio que para mí supone el trabajar estas piezas en el taller de Pere Casanovas. Porque colaborar con alguien mejor que tú te hace más sabio. Hacia el final de la entrevista uno de los chicos me hizo la pregunta del millón: “¿cómo sabemos si es buena o no?”

Nunca es fácil responder a esta pregunta, ni siquiera estando entre adultos acostumbrados al arte contemporáneo (ahí, en realidad, es casi imposible), y mucho menos con niños y niñas de diez u once años poco habituados a este tipo de análisis. Un auditorio difícil de contentar. Salí del atolladero de una forma bastante simple: “Colocaos a una cierta distancia de la escultura, miradla, acostumbraos a su presencia y a la relación de la obra con el espacio que habita, este paisaje que conocéis tan bien. Luego extended un brazo hacia ella y, con un ojo cerrado, “coged” la escultura con los dedos y “sacadla” de su lugar. Si la sensación que experimentáis es de alivio, es que probablemente es mala. En cambio, si notáis que os falta algo, es que a lo mejor es buena”.

Al cabo de unos días me crucé con uno de ellos por el pueblo. Iba en bicicleta a gran velocidad y al verme me dedicó una frenada espectacular, con derrapaje incluido -que a punto estuvo de derribarme-, para decirme: “¡Yo no la sacaría!”.

Creo sinceramente que es la mejor crítica que me han hecho nunca.

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