ii

Me mostró la sombra del eucalipto, que por medio de su gran tamaño, su orientación y su frescor marcaba las nueve de la mañana; los pétalos rojos del granado, que decían que estábamos a mediados de marzo; el diente que se me columpiaba en la boca indicaba mis seis años, y las pequeñas arrugas que bailoteaban alrededor de sus ojos, marcaban cuarenta.

– ¿Ves, Zeide? Así estás dentro del tiempo. Si te compran un reloj sólo estarás a su lado.

Meir Shalev / Por amor a Judit

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