"seguid la pista del dinero"
Foto de Maria Alzamora

Jim Jarmusch se fuma su último cigarrillo en compañía de Harvey Keitel, en Blue in the Face (secuela de Smoke, las dos películas firmadas por Paul Auster y Wayne Wang), y se pone filosófico. La ocasión lo merece, le ha costado mucho tomar la decisión de dejar el tabaco. Reflexiona sobre su trabajo. “En el cine todo es mentira. Fíjate, si no, en una escena que hemos visto en infinidad de películas del Oeste: el protagonista está en medio de un tiroteo y se le acaban las balas. En un gesto de desesperación y rabia agarra la pistola de mala manera y la lanza contra el suelo”. Hace una pausa melodramática, después de escenificar el gesto del pistolero. “¡Nadie hace eso! ¡Un revólver vale un huevo!”. Bien, no sé si utilizó estas mismas palabras, pero sonaba más o menos así. Las armas son muy caras.

William Mark Felt Sr., subdirector del FBI a principios de los años 70, también conocido en medios periodísticos como Garganta Profunda, fue la principal fuente de información de Bob Woodward y Carl Bernstein, los reporteros de The Washington Post que revelaron el escándalo Watergate, provocando la caída del Presidente Nixon. Su consejo fue simple y definitivo: “Seguid la pista del dinero”.

En las Ramblas de Barcelona un joven deshumanizado ha matado a catorce personas y herido a un centenar, invocando una guerra santa. En este caso, en lugar de seguir pistas falsas, como la de que todos los musulmanes son potenciales enemigos (pasando por alto que más del 85% de las víctimas mortales de los atentados terroristas de DAESH son musulmanes), seguir el rastro del dinero también parece un buen consejo, aunque esta senda nos lleve a algunos países del Golfo Pérsico, teóricos aliados de Occidente. Pero yo de esto no entiendo nada, por lo que prefiero no pronunciarme. Para esto están los Servicios de Inteligencia. Para seguir pistas y tratar de saber la verdad. (Soy un poco ingenuo, sí).

Por mucho que me disguste, hay una siniestra lógica en lo que está pasando. Esta guerra sucia la ha empezado Occidente bombardeando Oriente Medio (Afganistán, Irak, por partida doble, Siria, Chechenia…), por oscuros intereses (económicos, siempre; armamentísticos y energéticos la mayoría de las veces), y la opinión pública lo contempla sin demasiado interés, como sucede ahora mismo con la tragedia de los refugiados en el Mediterráneo, pero cuando es Oriente quien mata en Occidente se disparan todas las alarmas. Y vale lo mismo la vida de un niño afgano que uno europeo. Los niños lo saben bien, deberíamos tomarlos como ejemplo.

Mohamed H. y John S., marroquí y norteamericano, yihadista y marine, tienen veintidós años. Idealistas activos, sólo son parte del negocio.

El World Trade Center de Nueva York, Faluya, en Irak, París, Berlín, Kuta, en Bali, Amán, en Jordania, el Metro de Londres, la Universidad de Garissa, en Kenia, el Paseo de los Ingleses de Niza, la escuela de Peshawar, en Pakistán, las Ramblas de Barcelona y Mandarari, en Nigeria, sólo son campos de batalla de una guerra que se libra muy lejos, en luminosos despachos ocupados por sombríos personajes.

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