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Joseph Conrad se llamaba en realidad Józef Teodor Konrad Korzeniowski. Perdió a su madre a los siete años, de tuberculosis, la misma enfermedad que se llevó a su padre poco tiempo después. Antes de morir, el padre, un intelectual bohemio y apasionado, quemó uno a uno todos sus escritos: las comedias satíricas, los ensayos y los poemas, en una escena desgarradora que su hijo no olvidó jamás. Sólo Dios sabe cuánta pasión, trabajo y esperanzas alimentaron cada una de aquellas páginas consumidas por el fuego.

La obra de un hombre es un universo y destruirlo un acto de un simbolismo estremecedor.

Quizás ésta sea la razón por la que Conrad, años más tarde, adoptó el inglés (que pronunciaba fatal) para escribir su portentosa obra. Porque su padre quemó, una a una, todas las palabras de su lengua materna.

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