Brownie
Foto Maria Alzamora

El uno de octubre, a pie de calle, las cosas se veían de otra manera. No existen peligrosos activistas, ni manipuladores expertos en lavados de cerebro, sólo un pueblo que lucha pacíficamente por recobrar su dignidad, pisoteada por el franquismo. Entre tanta tensión, alguien encontró en una gasolinera un cachorro abandonado, atado con un alambre a un poste. El pobre animal había forcejeado y el alambre se había enredado, dejándole prácticamente inmóvil, al borde de la asfixia. Lo recogió una pareja y lo trajo a la plaza donde custodiábamos el Santo Grial, la urna, y el cachorro acabó finalmente en nuestras manos.

Bienvenido a casa, Brownie.

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