MONTAJE 2 (copia)

Tras el estreno en 2010 de Suite Albéniz, un espectáculo con Rosa Torres-Pardo tocando música de Isaac Albéniz y José Luis Gómez declamando poemas de Luis García Montero, escritos para la ocasión, la pianista dijo que después de oír al actor recitando al poeta no podía tocar Lavapiés de la misma manera que lo hacía antes.

Me pregunto si le pasaría algo parecido tocando delante del Árbol de la ciencia, un mural de casi ocho metros de largo por dos de alto que pinté en 2015, en homenaje a la obra homónima de Ramon Llull. Sobre un fondo rojo rothko, aplicado a su vez sobre un fondo de color índigo caligrafiado, destaca la silueta del árbol. Cada rama representa una disciplina, pero sólo hay un árbol. Todo en la obra de Llull remite a la unidad. La caligrafía se hace especialmente visible en su interior y se adivina en el resto del mural, simbolizando el saber escrito y transmitido. La atmósfera roja es infinitamente más extensa que el perfil del árbol, porque lo que desconocemos es casi todo y lo que sabemos casi nada. Es lo que hay.

Este rojo tiene una calidad especial, si se me permite decirlo, y abraza cualquier cosa que tenga delante. Recuerdo que en una exposición que hice en 2012, en la Galería Km7, en Saus, Gerona, organizamos un concierto con un trío acústico formado por Cristina Comaposada (voz y flauta travesera), Dom Weir (bajo) y mi hijo Max (guitarra). Se colocaron delante del Tríptico Rojo Rothko, que es la mitad de grande que el mural dedicado a Llull, y creo que esta singular escenografía aportó algo significativo.

Ahora, en el fragor de la batalla entre nacionalismos de distinto signo que se está librando en Cataluña (y en España, porque no me cansaré de repetir que lo que es bueno para una lo es también para la otra) ha llegado el momento de que la cultura tienda puentes de entendimiento y concordia. Es lo que podemos hacer. Creo que es lo que debemos hacer. En este contexto rescato esta idea de un concierto de música española compuesta por compositores catalanes, como Isaac Albéniz y Enrique Granados, interpretada por una pianista madrileña, Rosa Torres-Pardo, sobre un fondo escenográfico inspirado en Ramon Llull.

Lo que aportan Albéniz y Granados a nuestra cultura común ya lo conocemos. La Suite Iberia y Goyescas hablan por sí solas.

Ramon Llull, por su parte, es un pensador con una influencia decisiva en todo el pensamiento europeo, desde el siglo XIII hasta nuestros días, como bien saben los alemanes, un pueblo enamorado de la cultura que le dedica los estudios más rigurosos sobre su portentosa obra. Influyó, por ejemplo, en Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial, que aplicó la lógica matemática luliana en su diseño. Llull es mallorquín, catalán, contemporáneo de Alfonso X el Sabio y vivió en un momento histórico de una tolerancia extraordinaria, en el que árabes, judíos y cristianos convivían con relativa normalidad y discutían públicamente sus diferencias. Sin violencia. Con argumentos.

El mensaje es claro: el respeto a la diferencia, porque nos enriquece culturalmente y nos hace mejores personas.

No sé, algo falla. ¡Es demasiado bonito! La pintura y el piano sí, encajan, pero todo lo demás es accesorio. Cuando lo colectivo es abrumador, sólo cabe una respuesta individual.

Albéniz le escribió a su hermana Clementina, en 1898, después de la pérdida de Cuba, estas líneas: “Excuso decirte el estado de nerviosidad en que me hallo con motivo de las cuantiosas desdichas que sobre nuestro malaventurado país están cayendo. ¡Qué remedio tiene! ¡No hemos corregido, no nos corregiremos jamás! El chauvinismo mal entendido nos ciega de tal modo que nuestras faltas nos parecen virtudes y nuestra crasa ignorancia ciencia infusa. Dame noticias vuestras, pero no me hables una palabra de la cosa pública, pues he decidido ignorar lo que pase y lo que pasará en España”.

Sabio consejo. Tengo telas que terminar, proyectos en los que pensar y textos que escribir. Lo único que de verdad me interesa, en realidad, es colgar el mural y poner un piano de cola delante, y unas manos que acaricien sus teclas, y esperar que el sonido se mezcle con el color, a ver qué pasa…

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