IMG_7288
Foto Maria Alzamora

Todavía impactado por las sórdidas imágenes de furgones policiales saliendo de noche de los juzgados de Madrid, llevándose en su interior a la mayoría del gobierno catalán, hombres y mujeres de un probado pacifismo pero con ideas revolucionarias, me siento en un taburete del único bar abierto del barrio. En Barcelona, pasada la medianoche, es muy tarde para cenar, pero el camarero me hace un bocadillo frío y me pone una caña que me sabe a gloria. Fuera, en la calle, vuelve el blanco y negro de los años sesenta.

En la mesa de al lado hay cinco personas de mediana edad. Aparentan unos sesenta años, bien llevados. Parecen dos parejas y un single. Hay restos de cena y parece que van por la tercera botella de vino. El single pide un whisky con agua y hielo.

– No quiero hablar más de este tema. ¡Estoy agotado! El problema, en realidad, no es Cataluña, ni siquiera es España, ¡el problema es el Partido Popular! Cataluña es una consecuencia más de la larga serie de barbaridades perpetrada por este partido, fundado, no lo olvidemos, por un grupo de ex ministros franquistas, que Aznar llevó al poder en el 96 gracias a la ayuda inestimable de Felipe González. Nadie se acuerda de la corrupción de aquel gobierno socialista, que nos parecía insuperable.

Lanza una carcajada sin alegría y bebe un largo trago de whisky, que debe de estar fuerte porque el hielo no ha tenido tiempo de derretirse.

– Nada de lo que ha hecho el PP sería posible sin el PSOE – Sentencia – Porque ni el PSOE es socialista ni el PP conservador. Uno es de derechas y el otro de extrema derecha; siento lástima por la gente de buena fe que les vota, guiándose sólo por el enunciado. – Bebe otro trago, mucho más comedido – Hay fractura social en Cataluña, ¡claro que sí!, pero el máximo responsable es un gobierno que ha destruido el tejido social español con su política ultraliberal, favoreciendo a sus amigos y a sí mismos con privatizaciones, rescates bancarios, amnistías fiscales, financiaciones irregulares que han contribuido a ganar elecciones, ordenadores destruidos a martillazos (¡por Dios!), tarjetas de crédito de libre disposición, AVES sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, piscinas sin agua, pabellones culturales y deportivos sin función cultural ni recreativa… Ya lo advirtió el 15M: ¡Esto no es una crisis, es una estafa! El capitalismo salvaje también puede resumirse con una frase igual de sencilla, igual de cierta: robar a los pobres para dárselo a los ricos. Hay fractura social en toda España, ¡naturalmente que sí!, en diez o quince años la diferencia entre ricos y pobres se ha hecho mucho más profunda; cada vez hay menos ricos, pero son más ricos, cada vez hay más pobres y buena parte de ellos rozan la indigencia. Pero no quiero entrar en esto. ¡No puedo más!

Sus amigos apenas intervienen, pero le escuchan con atención y asienten convencidos. Parece tener alguna ascendencia sobre ellos. Lleva una camisa azul pálido con una pequeña marca bordada en el bolsillo y en el respaldo de la silla descansa una americana negra, de tela un poco basta. Es muy delgado, afilado, con el pelo gris muy corto y gafas de montura de titanio. Tiene un tono de voz agradable. Sabe hablar. ¿Será profesor? ¿Conferenciante? ¿Escritor? ¿Periodista? Me inclino por esta última hipótesis, no sé por qué. Me imagino que está de paso por Barcelona y sus amigos le han invitado a cenar. En alguna ciudad europea le espera un hombre o una mujer que se sabe de memoria este discurso tan fluido. Yo no me pierdo palabra, mientras trato valerosamente de comerme un bocadillo que parece hecho de goma. Dice que no quiere hablar del tema, pero está sufriendo un ataque de incontinencia verbal…, eso: incontenible.

– ¡Los números son muy testarudos! En 2005 el independentismo en Cataluña no llegaba al 15% y hoy roza, si no lo traspasa, el 50%, después de encarcelar al gobierno de la Generalitat por rebelión, sedición y malversación, dándoles apenas veinticuatro horas para comparecer ante una juez de controvertida trayectoria profesional, para decirlo con delicadeza. ¿Qué ha pasado, desde aquellas cuestaciones callejeras de Rajoy, Esperanza Aguirre y sus acólitos pidiendo firmas contra el Estatut, en 2006, como quién pide unas monedas para la Cruz Roja a cambio de lucir una banderita en la solapa? Ha pasado el PP. El PP ha ocurrido y su efecto es devastador. Después de aquella pantomima callejera los catalanes se lanzaron también a la calle, heridos en su orgullo. Yo vine un año desde Madrid para participar en la Vía Catalana, y nunca he sido independentista. Sigo sin serlo. Era más una cuestión de dignidad que de convencimiento político. ¿Y cual fue la respuesta del Gobierno? Arrogancia, intransigencia, intolerancia y desdén. Sin fisuras, sin diálogo, sin propuestas alternativas. ¡A por ellos! La catalanofobia siempre ha dado buenos réditos electorales en España, o apoyo popular, que viene a ser lo mismo, desde Carlos III al General Franco, pasando por Isabel II. Todos ellos prohibieron el catalán. No quiero mirar al pasado, pero lo tengo delante. ¡Tampoco voy a ignorarlo!

Hace una pausa para beber. Me mira, estamos a tres metros de distancia, levanto la jarra de cerveza y brindo por él. Hace lo propio con su vaso alargado, tintineante, y sonríe.

– Y soy de los que cada año empuja el coche de Carlos Sainz para que gane su segundo Dakar; y estoy deseando que el McLaren de Fernando Alonso tenga por fin un buen motor el año que viene, para que pueda demostrar por fin su talento; y he pedaleado con Indurain en pleno verano, bajo un sol de justicia, y le pego duro a la bola ante Federer, cuando juega con Rafa Nadal. Y que no me quiten a Goya ni a Velázquez, ni a Albéniz y Granados, mis paisanos, aunque ellos trascienden el patrimonio nacional, porque son universales. ¡Pero también son muy nuestros!

Consigo terminar el bocadillo y apuro la cerveza. Me quiero ir, pero no me quiero perder el final, si es que lo hay. El orador intuye lo que me pasa y le dice al camarero que me ponga otra caña. Corre un poco su silla y me acerca otra, de una mesa vecina. Somos los únicos parroquianos. Me siento a su derecha pero no me presento, no me da tiempo, porque se gira hacia mí y me dedica sus próximas palabras.

– Sin dejar de ser catalán, puedo ser tan español como cualquiera, siempre que un sector del país no se apropie de lo que es ser español y declare ilegal la tolerancia y el respeto por la diferencia.

Echo de menos el tabaco en los bares y restaurantes, aquellos tiempos en los que todos fumábamos y en estas improvisadas tertulias nocturnas hablábamos de arte y filosofía; de sociología, música y poesía, y los ceniceros rebosaban y había quien encendía un cigarrillo con la colilla del anterior. El humo y el alcohol combinados nos ofrecían un escenario acogedor y proclive a las confidencias, y parecía que las conversaciones y las discusiones eran más intensas. Aunque esta es de las buenas. Estoy pensando en esto y en los cinturones de seguridad, en todas las prohibiciones que he visto nacer a lo largo de los últimos treinta años, y casi me pierdo las frases lapidarias con las que remata la faena.

– ¿Volverán a iluminarnos los madrileños como lo hicieron en la Puerta del Sol, en mayo de 2011? ¿O el Partido Popular es España?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s