ausencia

20 de agosto de 2002. Ayer tarde vino a verme mi amigo Rafa Teja y estuvimos hablando de la exposición que inauguré el sábado pasado en la Galería Trece, de Ventalló. Sentados en el patio, envueltos en el silencio de una tranquila tarde de verano, repasamos el montaje, mis expectativas, nos detuvimos en algunas piezas y analizamos de forma particular Un trabajo sobre la ausencia, una serie de esculturas y grabados en los que he intentado mostrar la ausencia y su particular relación con el espacio y el tiempo.

En el transcurso de la conversación surgió un referente que se instaló un buen rato entre nosotros: Chillida. Cité el Elogio del horizonte, una imponente escultura de hormigón que se levanta, solitaria, en un acantilado junto al mar. La proporción es ajustada al lugar, igualmente imponente y solitario, y lo que de verdad me fascina es que la intención del escultor invita al espectador a “obviarla”, a mirar a través de ella, cediéndole el protagonismo al horizonte, desde esta atalaya natural cerca de Gijón. Al mismo tiempo, vista la obra desde este horizonte, desde el mar, la línea del acantilado se ve interrumpida en un punto preciso que lo define de una manera adecuada y silenciosa.

Rafa, que es de San Sebastián, me habló entonces del Peine de los vientos, de lo que significa (y lo que significaba, antes de su instalación) el particular enclave en el que está instalada. Y sobre todo del hecho de que el viento y el mar sean los verdaderos protagonistas, detrás de la formidable densidad del acero.

Por la noche Teresa y yo fuimos a cenar a casa de unos amigos y allí nos dieron la noticia de la muerte de Eduardo Chillida, a las seis de la tarde, más o menos mientras tenía lugar aquella conversación en el patio en la que, como tantas otras veces, estuvo presente.

A mí me cuesta poco hablar de influencias. Cada artista elige los registros de los maestros que le precedieron que más le interesan. Suelo llamar cariñosamente “abuelitos sabios” a los que más me gustan, los que de una manera u otra están siempre presentes en mi obra, porque me han mostrado caminos, intenciones y diversas formas de ver y entender la vida.

Y así es como me sentí cuando nos dieron la triste noticia, acusé la pérdida de un abuelo, con toda la importancia que este hecho tiene. En sentido metafórico, desde luego, entre otras cosas porque generacionalmente estoy mucho más cerca del hijo que del nieto.

Ahora, solo en el mismo rincón del patio, en una mañana temprana, soleada y apacible, escribo estas líneas de homenaje, afecto y agradecimiento para un artista capaz de casar formidables estructuras de acero y hormigón, de una extraordinaria densidad, con el poema más sutil, la verdad filosófica más esencial, con la música y con la naturaleza.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s