1-9 publicado VIII

Recuerdo que los primeros años en Ordis trabajaba siempre de noche. Me gustaba que el límite de mi esfuerzo lo pusiera el cansancio combinado con el sueño y me encantaba que no hubiese interrupciones de ningún tipo (como visitas inesperadas o llamadas telefónicas). Entre las cuatro y las seis de la mañana decidía dar por concluida la sesión, me desperezaba, apagaba la música, dejaba los pinceles en remojo en una solución llamada apropiadamente Lavapin y, si el tiempo lo permitía, salía a la calle para fumar el último cigarrillo antes de dormir. Este paseo me desconectaba del trabajo y el aire me sentaba bien. A menudo me cruzaba con un vecino, Met Pascol, un hombre de campo que me sacaba treinta años, agricultor y ganadero, alto y bien parecido, con el pelo muy blanco y el rostro curtido por el trabajo al exterior. Su aspecto era noble; con una toga púrpura hubiera sido un magnífico senador romano de la época de Augusto.

Yo lo saludaba con un “¡Buenas noches!” y él, invariablemente, me respondía: “¡Buenos días!”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s