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“… El tío dibujaba bien, manejaba correctamente los colores, las luces y las sombras, sus composiciones estaban proporcionadas y, a primera vista, parecía que sus cuadros eran perfectos y que llevaban la firma de un artista auténtico. Sólo después de un examen más detallado, cuando uno ya conocía muchos de los cuadros del tío Franz, se revelaba que en ellos faltaba algo. Él era el que faltaba en sus cuadros, el que no aparecía. Era tan humilde y delicado que no se atrevía a dejar oír su propia voz en sus pinturas. Era un artista, pero nunca llegó a pronunciar la última palabra.”

Confesiones de un burgués / Sándor Márai

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