menina cubista IV

Ser libre es tener la posibilidad de ir allí donde no se te espera / Virginia Wolf

El Call de Girona en enero, al anochecer y lloviznando es una maravilla. Está mal iluminado, abundan los claroscuros y tienes que forzar la vista y andar con mucho cuidado, porque el empedrado es irregular y resbaladizo. En realidad está muy bien iluminado, como si se tratara de una bella escenografía medieval. El Institut d’Estudis Nahmànides está en una callejuela empinada, romántica, en lo que antes se llamó Isaac el Cec, la escuela hebrea más antigua de Europa; al menos así lo conocí yo a finales de los años setenta. La conferencia la daba Fina Birulés y llevaba el sugestivo título Hannah Arendt, pensar en tiempos oscuros.

La sala de actos es pequeña y estaba abarrotada, y nosotros estábamos al fondo, en la última fila. Poco a poco empecé a disfrutar de la historia de una mujer libre que rechazaba todas las etiquetas (no acudió a la llamada del feminismo, no aceptó que se la considerara filósofa y rechazó también el pensamiento sistemático, pues todos sus libros parten de lugares diferentes), limitándose a ser escritora y pensadora, como su amigo Walter Benjamin, que se suicidó en Portbou para no caer en manos de la Gestapo. Arendt sufrió un duro acoso académico cuando formuló su teoría sobre la banalidad del mal, que personificó en la figura de Adolf Eichmann, el burócrata del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán que gestionó administrativamente la Solución Final, en los aledaños del Pensamiento Único.

Me impresionó, una vez más, lo difícil que es mantener la libertad de criterio.

Hannah Arendt comparaba la experiencia política con una mesa, que establece un espacio de relación que nos separa y, al mismo tiempo, nos reúne.

Una de las características más notables de la política – y esto ya es cosa mía – es su capacidad para vaciar de contenido la palabra legalidad. Si de ella dependiera, la esclavitud seguiría siendo legal y las mujeres no hubieran conseguido nunca el derecho al voto. Todavía hoy existen países que amparan ambas cosas en su teórico orden constitucional. Para contrarrestar este efecto tóxico, tenemos de acogernos a otros aforismos más estimulantes, del tipo “Mientras lo inmoral no sea ilegal no hay posibilidad de evolución ni progreso”.

Ética y diálogo, alrededor de una mesa, no hay otro camino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s