0Z7A0576 (copia)

Transcribir un texto es como interpretar una composición musical. En los dos casos conoces la obra; si es musical a lo mejor la has oído infinidad de veces y la has tocado otras tantas, pero si es buena siempre hay algo que te sorprende, porque estás dentro del relato y ese es un lugar donde suelen pasar muchas cosas. Porque la calidad está llena de matices, lo mismo da que se trate de una de las piezas de la Suite Iberia de Isaac Albéniz como de Nanette, un monólogo reciente de Hannah Gadsby. Suelo decir a mis clientes que si la pintura que han escogido es buena cada día les gustará un poco más; en cambio, si es mala acabarán ignorándola, convertida en un aplique del pasillo. De los anodinos. Para mí, transcribir estas líneas de Nanette ha sido una experiencia.

Toda mi vida me han dicho que odio a los hombres. No los odio, honestamente, no es así. No odio a los hombres. Pero… hay un problema. Yo ni siquiera creo que las mujeres sean mejores que los hombres. Creo que las mujeres son tan corrompibles por el poder como los hombres, porque amigos, no tenéis el monopolio de la condición humana, imbéciles arrogantes. Pero la historia es como la habéis contado vosotros. El poder os pertenece. Y si no podéis lidiar con vuestra propia tensión sin violencia, tenéis que preguntaros si realmente estáis a la altura de estar a cargo de todo. No odio a los hombres. Pero les tengo miedo. Si estoy sola en una habitación llena de hombres, tengo miedo. Y si creéis que eso es raro, es que no habláis con las mujeres que os rodean. No odio a los hombres, pero me pregunto cómo se sentirían de haber vivido mi vida. Porque fue un hombre quien abusó sexualmente de mí cuando era niña. Fue un hombre quien me molió a palos cuando tenía 17, en mi plenitud.

Hace unos minutos Hannah Gadsby ha hablado de Historia del Arte, de van Gogh, del cubismo y de la ruptura que supuso Picasso al invitar a los artistas a romper la perspectiva tradicional, de tres dimensiones, para incorporar más perspectivas, todas las posibles, en una misma composición. También ha mencionado su misoginia. Y algo más: Marie-Thérèse Walter tenía 17 años cuando se conocieron, Picasso 42. ¿Acaso importa? Sí. De hecho sí. Sí que importa. Pero, como dijo Picasso: “No, era perfecto. Yo en mi plenitud, y ella en la suya”.

Fueron dos hombres quienes me violaron cuando apenas entraba en los 20. Decidme por qué eso está bien. ¿Por qué estuvo bien que me eligieran del montón y me hicieran eso? ¡Habría sido más humano llevarme al prado de atrás y darme un balazo en la cabeza si ser diferente es semejante delito! No os cuento eso para que me veáis como una víctima. No soy una víctima. Os lo cuento porque mi historia tiene valor. Mi historia tiene valor. Os lo cuento porque quiero que lo sepáis. Necesito que sepáis lo que yo sé. Que te reduzcan a la impotencia no destruye tu humanidad. Tu resiliencia es tu humanidad. Los únicos que pierden su humanidad son los que se creen con el derecho a reducir a otro ser humano a la impotencia. Ellos son los débiles. Doblegarse y no quebrarse, eso es de una fortaleza increíble. Si destruyes a la mujer, destruyes el pasado que representa. No permitiré que mi historia sea destruida. Qué no habría dado por oír una historia como la mía. No por la culpa. Ni por reputación, ni por dinero, ni por poder. Sino para sentirme menos sola. Para sentirme conectada. Quiero que mi historia sea oída. Porque, irónicamente, creo que Picasso tenía razón. Creo que podríamos pintar un mundo mejor si aprendiéramos a verlo desde todas las perspectivas, desde tantas como fuera posible. Porque la diversidad es fuerza. La diferencia, una maestra. Si temes a la diferencia, no aprendes nada. El error de Picasso fue su arrogancia. Dio por sentado que podía representar todas las perspectivas. Y nuestro error fue invalidar la perspectiva de una niña de 17 años por creer que su potencial jamás llegaría a ser igual al de él. Tener retrospectiva es un don. ¿Podéis dejar de hacerme perder el tiempo? ¡Una chica de 17 años no está jamás de los jamases en su plenitud! ¡Ni soñarlo! ¡Yo estoy en mi plenitud! ¿Pondríais a prueba vuestra fuerza conmigo? Ni de coña se atrevería nadie a probar su fuerza conmigo porque todos sabéis que no hay nada más fuerte que una mujer rota que se ha rehecho a sí misma.

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