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La casa del poeta, Salou

El arte contemporáneo necesita la palabra para definirse. Hoy más que nunca. El discurso es la obra (si no me creéis echadle un vistazo a la Documenta de Kassel o la Bienal de Venecia). El problema, según lo veo yo, que no entiendo nada de lo que está pasando, es que la obra de arte, como tal, como objeto singular, normalmente es bastante pobre, por lo torpe y apresurado de su factura (donde no hay oficio no hay beneficio, dicen los ancianos), y la filosofía, el misticismo y la retórica que la acompaña no suele ser mucho mejor. Es un problema, realmente, porque la suma de ambas cosas, objeto y argumento, debería funcionar.

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