septiembre 09

José María Guerrero Medina me ha enviado esta mañana una conferencia del Dr. W. Hagemann que lleva el sugestivo título Übersetzung Liebe (no tengo ni idea de lo que quiere decir). Habla de arte, eso sí lo sé, y de la pintura de Guerrero, pero también de la experiencia artística y de otros artistas, algunos contemporáneos y otros, como Otto Dix, históricos. La traducción es del Dr. Google, de la universidad de Cincinnati, y tiene la virtud de convertir un texto legible en un seminario de Jacques Lacan.

¿Cómo puede el artista encontrar su propio camino en este matorral de sobrepuestos?

¡Y tiene ocho folios! He leído cinco; luego me he levantado y he paseado por el estudio mi inquietud, con la misma sensación de impotencia que tengo cuando trato de entender el funcionamiento de los gráficos lulianos de la Ars Magna, hasta que una pintura apoyada en la pared ha captado mi atención y he podido distraerme un poco, pisando terreno conocido. Representa unos cuadrados rojos navegando por un fondo de color índigo caligrafiado. Me ha tentado titularla Matorral de sobrepuestos y esperar pacientemente a que un alumno de posgrado del Art Institute of Chicago escriba una tesis sobre ella.

El doctor Hagemann -sigo leyendo- es un científico que trata de comprender la experiencia artística, pero también es un humanista que sabe que ésta solo sucede cuando el hombre ha superado la fase de supervivencia «y puede disociar el alma del cuerpo». Parece que esta reflexión nos remite al origen del hombre; pero no, ahora mismo la mayor parte de la humanidad está concentrada en esta primera fase, incluido el vecino del tercero, que va apurado.

El doctor Hagemann es psiquiatra y se nota; por ejemplo cuando comenta un sobrecogedor autorretrato de Käthe Kollwitz, de 1918, que «sólo fue capaz de pintar cuatro años después de la muerte de su primogénito, en Bélgica, al comienzo de la Primera Guerra Mundial». Después de leer estas líneas me tomo un descanso, es difícil seguir el tono del traductor de Google; entonces me han venido a la cabeza estas líneas de los Dietarios de Josep Pla, que transcribí hace muchos años:

Por otra parte, el negocio de obras de arte se ha vuelto tan complejo y sutil que se ha llegado a popularizar como un aliciente más de la venta la segregación de sentimentalismo causada por el dolor de los artistas. “¡Han sufrido tanto!”, me dijo una vez una concierge ilustrada de París. Pero en estos asuntos de lo que se trata no es de sufrir, sino de realizar, de hacer. Por otra parte, en la composición de este proceso han intervenido todo tipo de factores aberrantes, como el alcoholismo, las drogas, la biología, la medicina, la farmacia y, ni que decir tiene, la filosofía de la historia. Produce el mismo efecto que produciría el presidente de una sociedad diciendo a su asamblea de accionistas: “Este ejercicio ha sido algo escaso porque el director es algo sifilítico”.

Creo que los dos tienen razón: la circunstancia es importante, pero la belleza lo es más. El gran reto del artista es cómo transformar el dolor en belleza.

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