díptico Sillas (copia)
Díptico sillas (detalle), 2002

Estos últimos meses he restaurado dos cuadros de grandes dimensiones atacados por la humedad. Soy un pésimo restaurador, por lo que primero los miro y luego aconsejo al cliente qué hacer. Normalmente les digo que acudan a un profesional. Esta vez asumí el reto, los limpié con una esponja húmeda y un secador y conseguí alguna cosa, pero no lo suficiente, y acabé dándoles una capa uniforme de índigo a las zonas oscuras. Se vinieron arriba, como un niño repeinado para el bautizo de su primo. Lo más interesante ha sido revisitarlos, vivir de nuevo con ellos una temporada. Hacía años que no los veía y he disfrutado de su compañía. Me he acordado de una escritora que hace muchos años me aconsejó que dejara reposar los manuscritos y que los abordara de nuevo cuando dejaran de ser hijos, para pasar a ser primos. Estos son primos hermanos. Uno de los clientes me ha insistido mucho para que le cobre la restauración. El otro, solo un poco. Naturalmente me he negado. ¿Cómo le voy a cobrar la habitación de invitados a un primo hermano que viene de visita?

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