23 Albéniz tocando el piano con un grupo de amigos y familiares. Déodat de Séverac está detrás suyo. Niza 1905

Siempre me resulta difícil definir Suite Albéniz y el jueves, caminando con Justo Romero por el antiguo cauce del Turia -una de las actuaciones urbanísticas más brillantes que he visto en mi vida-, entendí que es un libro sobre Albéniz, escrito desde la óptica de un familiar directo pero, sobre todo, de un colega, aunque profesemos disciplinas diferentes. A partir de esas premisas, mi intención última es hacer literatura. Qué significa eso es otra cuestión, pero esta mañana ya he tenido suficiente con definir una cosa. ¡No doy para más! Parece una cosa menor, pero para mí ha sido todo un descubrimiento.

También me traje de la caminata un amigo y los nombres de Esteban Sánchez y Rafael Orozco. Luego he leído que Daniel Baremboim, a la pregunta de cuándo grabaría la Suite Iberia, respondió que después de escuchar la de Esteban Sánchez poco le quedaba por añadir. Mientras escribo estas líneas escucho Chants d’Espagne por Rafael Orozco (“gallina de piel”, que diría Johan Cruyff)), que por lo visto también gozaba de la admiración de Baremboim.

La cultura en un pañuelo, en este caso de una calidad prodigiosa. En esta foto, de 1905, está Albéniz al piano rodeado de amigos, entre otros Déodat de Séverac y Paul Dukas.

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