31 Wanda Landowska y Leon Tolstói I

https://www.ccma.cat/catradio/alacarta/solistes/conversa-amb-alfonso-alzamora-besnet-disaac-albeniz/audio/1039559/

La entrevista es de Joan Vives, para Catalunya Música. Se grabó hace un par de meses y se emitió el sábado por la noche. No la pude oír en directo, pero disfruté escuchándola al día siguiente, solo, en mi estudio. Ese mismo día me llegaron algunas reacciones. Una de ellas provocó esta respuesta por mi parte:

Suelo decir que el gran enemigo del arte es el mercado, que crea moda, por naturaleza efímera, para hacer negocio. Todo lo que se sale de sus parámetros, perfectamente definidos, queda arrinconado en una esquina del desván, sólo al alcance de unos pocos románticos incurables. Personalmente, entre lo contemporáneo y lo intemporal me quedo con lo segundo, por lo que estoy condenado a vivir en un trastero. Es una decisión personal. Por esa razón es tan importante para mí tener los referentes históricos bien colocados, porque por ellos ha pasado el juicio del tiempo, mucho más fiable que el de los críticos y teóricos del momento. Àlex Susanna lo explica muy bien, en su Libro de los márgenes:

Construir un país –conciencia de país, quiero decir, lo que parece aún más importante que la propia construcción física o material– prescindiendo de la memoria y de su constante actualización y revalorización, es una operación condenada al fracaso. Hasta que no tengamos claro quiénes han sido nuestros escritores, pintores, escultores, músicos, científicos y humanistas, hasta que no tengamos mínimamente asimilado todo este bagaje patrimonial de la tradición no podemos aspirar a casi nada, entre otros motivos porque tampoco tendremos claro quiénes lo son ahora.

Ahí es donde entra -o debería entrar- la política institucional, que tantos disgustos nos da, en este país desesperadamente necesitado de referentes culturales de primer nivel. Si el mercado del arte está controlado por mercaderes, las instituciones están en manos de políticos, a veces con buenos funcionarios en puestos intermedios a su mando, pero con desconcertante frecuencia nos sometemos al arbitrio de extraños personajes sin más habilidad conocida que la de saber colocarse en una lista electoral.

¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, de un libro sobre un músico escrito por un pintor.

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