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Héroe anónimo, 1999 – 2002

Dijo: “No deberías tomar medicación, porque eres una artista. Es importante que sientas”. Dijo: “Si Vincent van Gogh hubiera tomado medicación no tendríamos sus girasoles”. Nunca imaginé que mi título en Historia del Arte me fuera a servir para algo. Pero, madre mía, “Buena opinión, tío. Excepto que sí se medicaba. Mucho. Se automedicaba mucho. Bebía mucho. Hasta se comía sus pinturas. Problema. ¿Y sabes qué más? No solo pintaba girasoles, también retrató a varios psiquiatras. No a cualquier psiquiatra, sino a aquellos que lo trataban. Y lo medicaban. Hay un retrato en particular de un psiquiatra en particular en el que sostiene una flor, y no es un girasol. Es una dedalera. Y esta dedalera es parte de un medicamento que van Gogh tomaba para la epilepsia. Y ese derivado de la puta dedalera…” Debía haberme saltado la dosis ese día, porque estaba sintiendo. “Este derivado de la dedalera, en caso de sobredosis, ¿sabes qué hace? Te hace experimentar el color amarillo más intensamente. Así que quizá tengamos los girasoles precisamente porque van Gogh se medicaba”. “¿Qué crees, tío?”, le dije. “¿Qué para ser creativo debes sufrir? ¿Qué es el precio de la creatividad? ¿Para que tú puedas disfrutarla? Que te den, tío. Y si tanto te gustan los girasoles, cómprate un ramo y pélatela sobre un geranio”. ¿Sabéis qué dijo? Dijo: “No seas tan sensible”. No soy sensible. Soy una artista. Es sentimiento.

Fragmento del monólogo Nanette, de Hannah Gadsby

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