jomon 2

Lo que no le dije a Hiroshi la noche de Sant Joan es que la intemporalidad es la capacidad que tienen algunas obras de arte de detener el tiempo. No me acordé. Le hablé de un concepto que se opone a la contemporaneidad, que rechazo visceralmente porque me parece superficial, porque no hace más que seguir los dictados de la moda creada por el mercado. Él asocia mercado y sociedad, que es una mierda, y en eso estamos de acuerdo. Pero me pregunta, una y otra vez, ¿por qué Velázquez? Y yo le respondo, una y otra vez, que mis meninas hace décadas que dejaron de ser velazqueñas. De hecho, me gusta más Vermeer. ¿Por qué tengo tanto apego a las referencias? Tiene razón: Velázquez -aunque sólo fuera al principio-, Rothko, Llull, de Kooning y un largo etcétera, empezando por una recreación del fusilado del 3 de mayo de Goya que pinté en 1977. Le digo que son instrumentos, excusas para ponerse a trabajar, que lo importante es el cómo, no el qué, lo que quiera menos hacer lo que hicieron ellos; pero no se apea del argumento de que no soy lo suficientemente libre y, por lo tanto, original. Él, en cambio, dialoga con la naturaleza y su trabajo escultórico es fácil. Tiene que serlo, porque si no es así significa que ha cometido un error. Yo intelectualizo, pienso demasiado. «Eres un artista conceptual», dice. La belleza cura, su medicina es natural, la mía parece fabricada en un laboratorio de Leverkusen. Sin embargo, a mí me interesa de una manera especial lo que hace y a él le gusta L’escala de l’enteniment. O quizás le gusto yo. Quiero decir, lo que podría hacer y no hago.

Antes de nuestra conversación hemos visto las esculturas que Núria García Caldés ha modelado y horneado en un rincón de Japón, donde el fuego se enciende dos veces al año, siguiendo una tradición con once mil años de historia, de un período llamado Joomon. No es arte, sugiere Hiroshi, es antropología. ¿No estaremos hablando de lo mismo? Menciono el bisonte de Altamira, con trece mil años a sus espaldas, que parece pintado ayer. Todos vimos la exposición de los Iberos en la fundación La Caixa, en el Palau Macaya, hace muchos años (menos de diez mil, en todo caso), y a todos nos impactó. En aquellos ex-votos vimos la huella de Picasso y Manolo Hugué. Hay un hilo conductor que hermana ese rincón de Japón, cuyo nombre he olvidado, y los iberos, pasando por las islas Cícladas, donde produjeron unas esculturas femeninas, icónicas de la femenidad y la fecundidad, hace solo tres mil años. Miró hizo piezas muy parecidas hace cincuenta años. A Núria la invitaron a detener el tiempo, y lo hizo.

Nada es casual, todo es circular y yo no encuentro mi camino.

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