Estudio sobre el poder temporal I 1995
Estudio sobre el poder temporal I, 1995

Me pregunto por qué le doy tantas vueltas a este tema. ¿Y si estoy equivocado? ¿Y si la actividad artística es independiente de la ética? ¿Y si no va asociada al mundo de las ideas, en el sentido ascendente, eso es, progresista, quiero decir con el loable objetivo de intentar infructuosamente cambiar el mundo? La historia está llena de artistas pequeño-burgueses, conformistas, adaptados, ciudadanos modélicos que hicieron notables aportaciones a la historia del arte. Debería citar algunos, pero ¡qué aburrido! En cambio, me gusta pensar que los grandes se hicieron grandes en el momento en el que transgredieron las normas. Estoy pensando en la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel, que se llevó por delante la moral judeocristiana de la culpa y el pecado y plasmó ahí, en el centro de la cristiandad, una historia de la humanidad poblada de hombres y mujeres desnudos, con cuerpos musculosos y mujeres andróginas, hasta tal punto revolucionarios que un Papa posterior ordenó vestirlos. Pero el daño estaba hecho. El arte estaba hecho. O, un siglo antes, en las aportaciones decisivas al Renacimiento de Piero della Francesca, matemático, geómetra y pintor, no sólo en materia de perspectiva; se lo agradecieron sustituyendo sus frescos del Palacio Apostólico del Vaticano por otros de Rafael de Urbino y sus ayudantes. Eso quiere decir que rascaron las paredes, destruyeron lo que había y pintaron encima. Ya en el siglo XVII, Velázquez pintó el primer desnudo moderno, La Venus del espejo, y se atrevió con una escena doméstica de perspectivas imposibles, Las Meninas, y pintó un Inocencio X tan real, tan poco idealizado, que el propio pontífice exclamó, al verlo: “Troppo vero!”. Un poco más tarde, Goya abandonó la Corte para ser libre y pintar sus asombrosas Pinturas Negras, no sin antes dejar un recuerdo en palacio: La familia de Carlos IV, que retrata como nadie lo ha hecho nunca las miserias de la monarquía.

Hay un común denominador en todos estos artistas: la búsqueda de la verdad. Troppo vero! La diferencia entre una obra buena y una mala es esa: la verdad. He visto muchas exposiciones importantes, aclamadas por la crítica y el público, de las que he salido decepcionado porque no había verdad.

Cuando la verdad va asociada al talento el resultado puede llegar a ser irresistible.

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