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Foto Maria Alzamora

Que el cuerpo humano es una fuente inagotable de inspiración no es ninguna novedad. Miguel Ángel, Velázquez, Goya, Ingres, Man Ray y Lucian Freud lo ratificaron con obras espléndidas. El desnudo tiene un plus: nos muestra tal como somos en realidad. No todo el mundo está preparado para afrontarlo. Hombres y mujeres con camisas y vestidos abotonados hasta el cuello provocan guerras espantosas y miran hacia otro lado para no ver sus consecuencias, mientras contemplan con reprobación obras de arte que representan el cuerpo humano desnudo. Desde su punto de vista es transgresor. Desde el mío también, pero por otros motivos: porque denuncia su impostura y por la forma de afrontar ese reto, que en el caso de la serie NUE, de Maria Alzamora, es elegante y trascendente. No hay nada banal en sus fotos, todo es verdad. Aceptar la condición humana es el primer paso para respetarla; ocultarla, como hacen los otros, les empuja a cometer actos de una obscenidad brutal.

Maria Alzamora expuso por primera vez esta serie en la Galería Km7, en 2014, y desde entonces no ha dejado de trabajar en ella. Aquella primera exposición permitió a José Luis Pascual, el alma de esta mítica galería ampurdanesa, hacer lo que más le gusta: descubrir talento y mostrarlo. Maria ha trabajado con modelos de todo tipo; es muy interesante la cantidad de gente que le ha pedido sesiones de desnudo. Lo hacen para formar parte de un proyecto creativo que admiran, eso es lo principal, pero sospecho que también les anima el deseo de conocerse mejor, como si este acto compartido les permitiera ver cómo son en realidad –al desnudo-, lejos de los espejos favorecedores que difuminan los defectos y nos permiten ver sólo lo que queremos. Eso es arte: hay un momento en la vida en el que algunas personas desean mirar y ver y Maria les brinda la ocasión de hacerlo. Para no ser menos, ella misma se ha elegido como modelo y esta serie que presenta en Vallgrassa es una muestra espléndida de rigor e inspiración. Conmueve, porque ella está conmovida.

Viendo la exposición he pensado más en pintura que en fotografía. Me han venido a la cabeza inmediatamente obras como Le Déjeuner sur l’Herbe, de Claude Monet, L’Origine du Monde, de Gustave Courbet y Double Portrait of Berdie, de Larry Rivers, quizás porque Maria dibuja muy bien y la pintura podría ser también su medio natural de expresión, si se lo propusiera. Pero también por la intención, el motivo que les ha llevado a todos ellos ante la tela en blanco.

Vallgrassa. Centre experimental de les Arts está en el Parc Natural del Garraf, a media hora de Barcelona. No es fácil llegar hasta allí, pero vale la pena, porque la carretera, bellísima, muy empinada, bordea un balcón que da al Mediterráneo más clásico, el que nos hermana con Grecia y Fenicia, hasta adentrarse en una zona agreste y salvaje. Esta exposición nos brinda una ocasión única, que nos permite pasar del paisaje de la naturaleza al del cuerpo humano.

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