3-8 publicado II - 1
Menina, 2013

Domingo por la mañana. La Haya. Llovizna. Después de visitar a la joven de la perla de Vermeer, admirar la lección de anatomía de Rembrandt y deleitarnos con el jilguero de Carel Fabritius en el Mauritshuis Museum, nos desplazamos unos pocos kilómetros hacia el mar, donde hay una gran exposición de Mondrian, en el Gemeentemuseum, un museo de arquitectura art decó con mucha personalidad. Tanta, que no sé si me gusta; creo que sí. Mondrian supera a duras penas un escenario raro, funcional y un poco triste, entre una fábrica, un orfanato y un instituto de educación secundaria. La Bauhaus de Weimar debía de tener un aspecto parecido, porque era todas estas cosas. Las vanguardias históricas rara vez defraudan. ¿Lo mejor de la visita? Sin duda la respuesta del conserje cuando Teresa le preguntó cómo ir a las salas donde se exponía Mondrian: “¿Boogie-woogie? Al fondo, a la derecha”.

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