escalera de caracol
Escalera de caracol, 1980 (?)

Trato valerosamente de leer la biografía de Ludwig Wittgenstein de Ray Monk, un ladrillazo muy interesante. Los académicos escriben para su entorno, no lo pueden evitar. Hace muchos años, el príncipe Carlos de Inglaterra levantó un gran escándalo cuando dijo públicamente que los arquitectos trabajaban para sus compañeros de curso, no para la gente. Todo el mundo sabe que sus gustos personales en esta materia son muy conservadores, pero el comentario era incisivo. Cuando acometí el reto de escribir un libro sobre Albéniz, mi ilustre antepasado, mi punto de partida no fue el músico, sino un hombre que, poco a poco, según lo iba conociendo, fue interesándome más y más hasta que fui capaz de dibujar su perfil más humano, que me parece muy atractivo. Desde ahí, pensé, se puede entender mejor su música. La biografía más importante del compositor era -y supongo que sigue siendo- la de Walter Aaron Clark, otro ladrillazo importante, escrita desde el campus de la universidad de Kansas, donde imparte sus clases, y dirigida fundamentalmente a sus colegas y alumnos. En las primeras páginas de Ludwig Wittgenstein me tropiezo con estas palabras del filósofo austríaco Otto Weininger, una de sus primeras grandes influencias, referidas a “la decadencia de los tiempos modernos”:

… unos tiempos en los que el arte se queda satisfecho con unos pintarrajeos y busca su inspiración en deportes propios de animales; unos tiempos de anarquía superficial, sin sensibilidad hacia la Justicia y el Estado; unos tiempos de ética comunista, de la más necia de las visiones históricas, la interpretación materialista de la historia; unos tiempos de capitalismo y marxismo; unos tiempos en que la historia, la vida y la ciencia no son más que economía política e instrucción técnica; unos tiempos en los que se cree que el genio es una forma de locura; unos tiempos sin grandes artistas ni grandes filósofos; unos tiempos sin originalidad y aún así con la más ridícula ansia de originalidad.

Es un fragmento de Sexo y carácter, libro publicado poco antes de que se suicidara, el 4 de octubre de 1903, en la casa de la Schwarzspanierstrasse donde Beethoven, el genio oficial de aquella generación de buscadores de genios, había muerto. Esta acción fue considerada en su época un acto intelectual heroico y el libro tuvo un enorme éxito, a pesar de su misoginia y antisemitismo. Por cierto, Weininger era judío y homosexual, aunque esto último no tiene por qué tener nada que ver con su visión de la feminidad. A mí lo que me impresiona es la atemporalidad de este párrafo, que muchos firmarían hoy, con su apoteósico final: “… unos tiempos sin originalidad y aún así con la más ridícula ansia de originalidad”. Define una actitud crítica frente al panorama cultural de una época que podría ser cualquiera. Claro que hay artistas, pocos, pero los hay, ¡él es uno de ellos!, y si no es así siempre quedará el suicidio como prueba suprema de su impotencia. Pero, ¿quién es Otto Weininger? Por lo que cuenta Ray Monk y lo que he podido leer en internet -tampoco me he esforzado mucho-, su primer interés fue la filología y llegó a dominar griego, latín, francés, inglés, español, noruego e italiano, aparte, claro está, de su alemán materno, y fue también naturalista, matemático, físico y filósofo. Murió a los veintitrés años.

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