Sigo entrando en el estudio por las mañanas con la sensación de que detrás de la puerta hay un cierto revuelo, como si las meninas, al oír el sonido de mis pasos por la escalera y el ruido de la llave en la cerradura, volvieran apresuradamente a sus bastidores, con el crujir de sus vestidos de rígido apresto y altos vuelos, después de haber estado reunidas para hablar de sus cosas y mirar de reojo a los héroes anónimos, que las observan con esa expresión perpleja tan característica suya, mientras las sillas y los dameros continúan su danza interminable, cerca de los rojos rothko, que aspiran a abrazarlo todo. No hace mucho soñaba con esta imagen: todas las telas y papeles diseminados por el estudio -hay muchísimos-, pintados con el mismo rojo, de bordes oscuros y gran luminosidad en el centro. Debería hacerlo, pero hace tiempo que lo primero que reclama mi atención es el teclado y la pantalla del ordenador, y no me fijo mucho en todo lo demás, hasta pasados unos minutos. No sueño con imágenes, sino con palabras; aunque, en el fondo, todo es lo mismo, por esta razón el estudio sigue siendo el templo donde paso casi todas mis horas. Lo que está sucediendo, me parece que ahora lo entiendo, es que las palabras se han incorporado a la escenografía y por eso sigo oyendo ruido antes de abrir la puerta: risas ahogadas, revoloteos, frases aisladas, incluso de los bocetos de los proyectos de escultura pública parecen surgir comentarios apenas audibles de personajes dibujados junto a la obra, que están ahí para dar una medida de su escala. ¿Seis, siete metros de altura? “Hay una medida adecuada al lugar”, me parece oír que susurra uno de ellos.

Hoy he pillado a una menina fuera de su bastidor. Ella ha estado lenta y yo muy rápido, porque tenía prisa por transcribir algo que se me ha ocurrido durante el paseo matinal con Molly y Miss Brown. Me ha mirado aterrorizada. Yo me he quedado helado. Es más bella de lo que recordaba. Lleva pintadas en su interior muchas meninas; es muchas mujeres, es todas las mujeres, y es una sola, la que me mira con los ojos desorbitados por la sorpresa y la incertidumbre. Pasados unos segundos he sonreído, pero ella miraba de reojo detrás suyo, donde estaba su bastidor de fondo índigo caligrafiado. La he invitado con un gesto a seguir su camino y recuperar su lugar, pero no se ha movido. “¿Por qué ya no pintas?”. Su voz es joven, cristalina, madura, de cuando las mujeres empezaban a madurar a los diez o doce años, asfixiadas por un patriarcado feroz. No he sabido qué decir y ella se ha relajado un poco. “¡Nos tienes abandonadas!”.

Dirige su mirada a otra menina, vestida con tonos claros, con caligrafías en su vestido y unos planos geométricos pintados de color blanco que la enmarcan como si fuera un paréntesis. Sin abandonar su bastidor alza un poco la barbilla, es un poco altanera. “¿Volverás a pintar?”, me pregunta, mirándome a los ojos. Su tono es más grave, parece algo mayor. Me gusta. Trato de explicarles a las dos que mis meninas -obviamente no hablo de ellas, que sólo se pertenecen a sí mismas- no son floreros, ni bellezas de esas que se ven el primer día y acaban convertidas en apliques del pasillo a los que no prestamos atención, sino que representan algo más elevado: la feminidad. En el juego de ajedrez -esa es una lección aprendida, que sé recitar de carretilla en varios idiomas-, el rey representa tan sólo la vida y la muerte, tiene una movilidad reducida y un ejército dispuesto a dar la vida por él, mientras que la reina es la figura más poderosa del tablero.

Entonces he recordado lo que quería escribir al llegar al estudio con tantas prisas. Es algo que había oído hacía unos días en un documental sobre Emilio Lledó. En uno de los primeros Diálogos de Platón, llamado Hipias Mayor, supe que Sócrates, incapaz de dar con una buena definición de belleza, acaba citando este viejo proverbio griego: “Lo bello es difícil”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s