The Wall, 2005

Hoy me he despertado reivindicativo. He hecho una pancarta en el estudio con el lema LLUVIA NO y he salido a manifestarme en la plaza del pueblo, pero me he calado hasta los huesos y los dioses me han ignorado, así que he decidido cambiar de objetivo. La nueva extrema izquierda española empezó su meteórica carrera denunciando a la casta política, que es corrupta por naturaleza, sueldos, dietas, prebendas y puertas giratorias, y una vez alcanzado el poder se ha convertido, poco a poco, en parte de un sistema al que no le gustan los extremismos, sobre todo si son de izquierdas. Antes de ellos, los socialistas recorrieron el mismo camino y llegaron al mismo puerto. Es un clásico. En la Edad Media el pueblo lo formaban hombres libres, esclavos y libertos, y los que mandaban eran los de siempre: aristocracia, mercenarios y grandes comerciantes. Alrededor de cada uno de estos núcleos de población había una raza de hombres que no dependían orgánicamente de ninguno de ellos; los maestros de obras, pintores, cesteros, cómicos, panaderos, músicos, poetas y agricultores independientes eran libres, pero de otra manera. Los autónomos, hoy como ayer, pagan por trabajar, que es lo mismo que decir por respirar. Todos deberíamos pagar impuestos en función de lo que cobramos, pero hoy, en este país, los autónomos pagan antes de saber si van a ingresar algo por su trabajo, lo que les convierte en los grandes explotados del sistema. Es difícil comprender la magnitud de la injusticia social que se comete cada día con estos hombres libres. Así que he hecho una nueva pancarta: ¿LIBRES?

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