Isaac Albéniz, París 1899

segundo intento

Me sobresalto cada vez que veo en la prensa algo sobre la polémica del Hermitage de Barcelona. La último que he leído es que el Liceo ha entrado en el debate, posicionándose a su favor. No tengo nada contra el Hermitage, faltaría más, amo la cultura, aunque a veces no la entienda, pero hace veinte años que formo parte de un proyecto que lleva el nombre de Museu Isaac Albéniz de Camprodon y no conseguimos tirarlo adelante con garantías. Y necesitamos muy poco. De hecho, lo tenemos casi todo, excepto un presupuesto digno. “Una cosa no quita la otra”, pues sí, la quita, porque destinar fortunas a franquicias foráneas representa vaciar las arcas del apoyo institucional que necesita la cultura de proximidad; a menos que los políticos responsables de esta decisión, la mayoría con poca experiencia en gestión cultural, consideren que Albéniz y Granados no están a la altura de Kandinsky y Malevich, porque ese es el mensaje subliminal que transmiten, mientras discuten acaloradamente sobre el Hermitage de Toyo Ito, perdón, de Barcelona.

Estas últimas semanas estamos tratando de organizar un homenaje al compositor francés Déodat de Séverac, alumno y buen amigo de Albéniz, del que se cumple este año el centenario de su muerte en Ceret, al otro lado de la montaña donde nació su amigo Isaac. Jorge de Persia, que es el alma del proyecto, ha hablado ya con un músico de prestigio y con un intelectual buen conocedor de este periodo pirenaico fascinante, donde creció el cubismo, en la estela del modernismo, y el arte moderno dio un giro inesperado, para dar una conferencia o mesa redonda previa a un concierto que podría celebrarse en el Monestir de San Pere, donde cada verano se celebra un festival de música que lleva el nombre del compositor. La idea es que este acto se programe desde una nueva entidad de naturaleza civil asociativa, la Associació d´Amics del Museu Isaac Albéniz de Camprodon, que estamos creando, en estrecha colaboración con el Ayuntamiento, heredera de la Fundació Pública Museu Isaac Albéniz de Camprodon de 1998, que dejó de existir oficialmente en diciembre de 2020 por defectos de forma. El museo, en su primera versión, se inauguró en 1999 y en una segunda etapa en abril de 2019, después de siete años cerrado por obras de remodelación y dificultades administrativas. Será la puesta de largo del nuevo ente y una declaración de intenciones: queremos un museo activo, que organice actos como éste, no un mausoleo.

No soy globalista, pero tampoco soy provinciano, creo firmemente que el arte no tiene fronteras, pero el Hermitage es un proyecto muy distinto del que tratamos de sacar adelante en el museo Albéniz. En el MNAC hay la mejor colección del mundo en pintura románica, sólo por eso valdría la pena visitar Barcelona, porque en el año mil, alrededor del Pirineo, se forjó la cultura europea. En este artículo, hablando de Séverac y de Ceret han aparecido en el escenario el románico del Monestir de Sant Pere y el de la ermita de Molló, dedicada a Santa Cecilia, la patrona de la música, el modernismo de Camprodón, el impresionismo de Albéniz y Debussy y el cubismo de Picasso, Braque y Juan Gris, con Manolo Hugué de anfitrión.

Hay relato. Hay cultura. Es el modelo de gestión cultural lo que está en debate.

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