Linda y Suth se conocieron a principios de la década de los noventa en Boston, en una fundación privada, en una muestra colectiva en la que él participaba con una obra titulada Las edades del vino. La propietaria de la fundación era una destilería importante, con viñedos en California. Suth fue al baño, apto para los dos sexos, y cuando abrió la puerta vio a dos mujeres besándose, una de ellas era muy joven, con el uniforme de camarera del catering que servía el aperitivo. Pasó por detrás de ellas, excusándose, era un vestíbulo angosto, y entró en una de las dos cabinas, había bebido demasiado -las inauguraciones le ponían nervioso- y necesitaba orinar. Cuando acabó, habían desaparecido, se lavó las manos y entró en la sala. Delante de su pintura estaba Alex, el director de arte de la fundación, hablando con una mujer; él valoraba la calidad cromática y la composición, que mostraba una pareja heterosexual, ella sentada, él de pie, que sostenían una botella y un vaso medio lleno de un líquido de color rojo, y un niño, de pie al otro lado de la que parecía ser su madre, con un racimo en la mano derecha. “Una pintura de encargo”, dijo Suth, cuando se la enseñó por primera vez a Alex. El estilo, expresionista, se servía de un trazo suelto, enérgico, y un uso muy libre del color para el fondo, que era abstracto. Se acercó, era una de ellas. Se presentaron. Jamás hablaron del incidente.

Linda abrió una galería de arte en la década de los 80, en un piso de West Broadway, llamada The Office. Eso es lo que era, en realidad, una oficina, un poco desordenada, incluso cuando inauguraba exposiciones monográficas, cosa poco frecuente. Linda era galerista, curator, dealer, pero sobre todo era asesora de colecciones. Algunos de sus clientes eran coleccionistas importantes, interesados en el arte contemporáneo, más como una actitud social, incluso empresarial, que por genuino interés; en consecuencia, no confiaban en su instinto y tenían miedo de que les tomaran el pelo, de manera que confiaban en la profesionalidad de Linda, que nunca les defraudaba. En el nivel en el que se movían había muy poca diferencia entre la bolsa de valores y el mercado del arte. También era experta en Larry Rivers, un “valor contrastado”, había hecho su tesis doctoral sobre él y cuando se publicó, con el título de una de las series de Rivers, El continuo interés por el arte abstracto, tuvo muy buena acogida. El mundo no se acababa en el expresionismo abstracto y la Escuela de Nueva York.

Ahora se peleaba con Sutherland. Bien, iba con el sueldo. Era su producto, y lo defendería hasta la muerte. Además, lo quería, admiraba su obra y respetaba sus heroicos esfuerzos por ser honesto, en un entorno que no lo era en absoluto. Sus discusiones eran frecuentes, retóricas y enriquecedoras, a menudo agotadoras, pero no cambiaban nada. En su ya larga carrera había tenido que enfrentarse a problemas mucho más graves, la mayoría relacionados con el alcohol y las drogas, pero también con el sexo y el suicidio. Lo de Suth era una balsa de aceite.

Aquella primera noche hablaron de la posibilidad de hacer algo juntos, pero antes ella debía ir a su estudio. Ambos vivían en Nueva York. Quedaron para la semana siguiente. Hasta ahí, normal, es lo que suele pasar, lo extraordinario, para Linda, fue la respuesta de Suth cuando mencionaron sus condiciones de trabajo: 50%, lo habitual, en estos casos. Los artistas normalmente lo consideran abusivo y los galeristas justificado, pero Suth no: “Viendo al precio al que se vende toda esta basura”, alzó el brazo y abarcó el universo entero, “me parece que el 50% para el vendedor es poco, debería quedarse el 90, y con el 10 restante el artista debería darse por satisfecho, porque en la inmensa mayoría de los casos no lo vale”. “¿Tu obra tampoco?”, le respondió ella, sardónica. “Tampoco, si haces bien tu trabajo acabaremos en un escenario donde el mérito está en vender productos malos como si fueran buenos, mejor que eso, excelsos”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s