de como nuestras colaboraciones desinteresadas acaban en manos interesadas

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Llevo diez años intentando recuperar esta pintura, que formó parte de una exposición itinerante titulada Otras Meninas, ideada y gestionada por una organización sin ánimo de lucro llamada Women Together. La inauguración fue en el año 2002, en la Fundación Telefónica, en Madrid, con la reina Sofía amadrinando el evento. Luego, viajó por España y América, al menos eso creo, porque no tengo constancia directa de ello, excepto de una de sus primeras escalas, en Valencia, donde pude verla por última vez, muy bien colgada en la sala principal del lugar donde se exponía parte de la colección, acompañada de tres grandes litografías de Manolo Valdés.

Los artistas somos un colectivo generoso. Nos piden con mucha frecuencia que donemos o prestemos obra para causas humanitarias, subastas solidarias, reivindicaciones políticas y todo tipo de convocatorias culturales. Picasso, Tàpies, Miró, Guinovart y Frederic Amat lo han hecho, y en el caso de Amat es muy posible que siga haciéndolo.

El problema es que en la mayoría de los casos estas obras caen en manos inexpertas y frecuentemente son malversadas. Recuerdo que en una ocasión cedí una obra de un tamaño considerable para una subasta benéfica organizada en el Hospital de Sant Pau de Barcelona (se trataba de recaudar fondos para la investigación de una enfermedad rara); no pude asistir a la subasta y cuando quise saber qué había pasado con mi obra me contestaron que la organización se había disuelto después del evento y nadie respondía de los fondos depositados. Dónde fue a parar mi pintura es un misterio, pero no me extrañaría que esté ahora mismo colgada en el domicilio particular de uno de los organizadores.

No sería la primera vez. En otra ocasión, la subasta solidaria tenía que ver con los niños de la calle de la India, un drama cotidiano conmovedor. Realmente lo es. Después de la subasta, algunas pinturas que no habían alcanzado el precio de salida (lo pone el artista, ajustándolo todo lo posible) quedaron a merced de la organización, que se repartió algunas de las obras más atractivas al módico precio de cincuenta euros (es un decir, no tengo ni idea), con la excusa de que al menos ingresarían algunos euros más para la causa.

¿Dónde estará la pintura que encabeza esta crónica? ¿Almacenada en un rincón de un trastero de algún lugar remoto? ¿En casa de uno de los gestores de Women Together?

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fotomontaje II
Homage to Isaac Albéniz and Francis Money-Coutts / fotomontaje

Supongamos que yo fuera mañana a la Galería de los Uffizi de Florencia, y supongamos que fueran allí lo suficientemente necios como para venderme La Sagrada Familia de Botticelli por 100.000 libras: ¿no se diría que he obtenido valor a cambio de mi dinero? ¿Cuál es entonces la diferencia si en lugar de honrar a un artista muerto comprando su obra ofrezco a un artista vivo la oportunidad de producir su obra?

Párrafo de una carta de Francis Money-Coutts, mecenas y amigo de Isaac Albéniz, a Rosina Jordana, esposa del compositor.

032 dibujo family 7 pers 2 meninasConfusión, exaltación, adrenalina, indignación, sobredosis de información. Poca reflexión. De verdad que he intentado pensar con serenidad, pero solo he conseguido apresurarme. Los de allí intentan explicarnos lo que pasa aquí, mientras que los de aquí no conseguimos explicar bien lo que nos está pasando. ¿Lo entendéis? Yo tampoco. Hace unos días nos entendíamos bien.

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No sé que pintar, no sé que leer, no sé qué pensar; mientras tanto, pinto, leo y escribo. No sé qué quiero ser cuando sea mayor, pero mi hija, que es muy lista, me dice: “¡ya lo eres!”, lo que sea que soy.

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Después de Goya, 1977

Una de las características más notable de la política es su capacidad para vaciar de contenido la palabra legalidad. Si todos fuéramos ciudadanos ejemplares, firmes defensores de la ley, la esclavitud seguiría vigente y la mujeres no podrían votar, además de tener que pedir permiso a sus maridos para administrar su patrimonio y sacarse el pasaporte. A mi madre le pasó.

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Recuerdo que en el colegio, en los años sesenta, trataban de inculcarnos Principios, con mayúscula, para convertirnos en futuros ciudadanos ejemplares. Dios, Patria y Rey eran los más típicos, pero había más: fidelidad, honor, lealtad, nobleza, honestidad. La integridad, también; era importante porque sonaba bien. Tolerancia (este no se estudiaba, ahora que lo pienso). Éramos los herederos de un imperio perdido, supongo que esto también influía. En realidad lo que nos estaban mostrando eran razones para morir. Dios, Patria y Rey son tres conceptos que pretenden legitimar a quien los esgrime para matar, lo cual los convierte en armas muy poderosas para políticos sin escrúpulos.

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Una de las características más notable de la política es su capacidad para vaciar de contenido la palabra legalidad. O ilegalidad, que viene a ser lo mismo, son las dos caras de la misma moneda.

Todos perdemos. Cataluña, España y Europa. No soy independentista porque nunca he sido nacionalista; soy demasiado individualista. Me gustaría mucho que los artistas fuéramos capaces de tender puentes supranacionales (no sé si se puede decir así), ya que los políticos parecen incapaces de hacerlo. Dicho esto, no me sentí manipulado cuando fui a votar el 1 de octubre, ni cuando he salido a la calle para reivindicar un poco de dignidad, pisoteada por el PP en 2005 y 2006 con el tema del Estatut, y después con el ministro Wert atacando la lengua catalana, tratando de “españolizarnos” (lo dijo con todas las sílabas) y creando un problema donde no había ninguno; o cuando el presidente de Endesa, ante la posible compra de la empresa por parte de Gas Natural, dijo que “antes alemanes que catalanes”; y, después de decir esta soberana estupidez, el Partido Popular lo premió colocándolo con el número dos en su lista de las siguientes elecciones legislativas. Creo sinceramente que el nacionalismo catalán va de abajo a arriba, mientras que el español va de arriba a abajo. Con otro gobierno, con otra sensibilidad, el independentismo catalán no hubiera pasado en quince años del 14 al 49%. Y, por último, creo que lo que se está dirimiendo ahora mismo es el fin del franquismo, que será bueno para Cataluña y para España, porque lo que es bueno para una lo es también para la otra. Eso sí, si conseguimos erradicarlo.

El mensaje es claro: el respeto a la diferencia, porque nos enriquece culturalmente y nos hace mejores personas.

Confusión, exaltación, adrenalina, indignación, sobredosis de información. Poca reflexión. De verdad que he intentado pensar con serenidad, pero solo he conseguido apresurarme. Los de allí intentan explicarnos lo que pasa aquí, mientras que los de aquí no conseguimos explicar bien lo que nos está pasando. ¿Lo entendéis? Yo tampoco. Hace unos días nos entendíamos bien.

¿No será que no tenemos claramente identificado al enemigo? Estoy seguro de que mis amigos de allí no son mis enemigos, y espero que ellos me den un voto de confianza, como han hecho siempre.

Sería bonito asistir a un Concierto por la Concordia y contra la Intransigencia, donde Sabina pudiera interpretar Doctor, devuélvame mi depresión, Serrat Mediterráneo y Llach L’Estaca, para denunciar y tratar de erradicar este virus letal que ha envenenado una vez más nuestra convivencia. Y que los políticos, alentados por este ejemplo, hagan, por fin, su trabajo: se sienten, dialoguen y lleguen a acuerdos respetuosos y seductores para los ciudadanos.

Estoy a favor del derecho a decidir, pero no soy nacionalista, ni español ni catalán. Ni siquiera europeo. ¿Por qué habría de serlo?

Haciendo un paralelismo con el Arte Contemporáneo, no dejo que cualquiera me de lecciones de modernidad. Con este tema me pasa algo parecido: no me gusta que nadie me de lecciones de españolidad ni de catalanidad. Tampoco de europeísmo. No es más española Esperanza Aguirre que yo, simplemente ella tiene un modelo de España carpetovetónico, trasnochado, monárquico, borbónico (no es exactamente lo mismo, añade una buena dosis de centralismo) e imperialista, gastado por el uso, y yo tengo otro, más moderno, plural y tolerante, donde convivo con Iñaki Gabilondo, David Trueba y el Gran Wyoming, por no hablar de todos los amigos que tengo en Madrid y en Euskadi.

Soy muy poco patriota. Me inspiran una profunda desconfianza las banderas y los himnos. En un hipotético enfrentamiento entre mi país, sea cual fuera, y Francia, primero estudiaría el argumentario y después me posicionaría, no necesariamente del lado que presumiblemente me toca.

Me sorprende un poco (soy un ingenuo) constatar que Rajoy y los suyos son los arquitectos de la independencia de Cataluña. Sin ellos, nada de esto sería posible. Hasta Junqueras lo admite, cuando dice que en sus primeros años de Universidad los independentistas eran cuatro gatos mal contados. Hasta que llegó Aznar y el neofranquismo catalanofóbico se instaló en el poder con varias mayorías absolutas. A partir de ahí el horizonte se aclaró y se pobló de esteladas. Lo grave es que lo hacen por dos motivos miserables: la mediocridad, palmaria, de su gobierno, y la querencia por el poder. Cataluña es la Guerra de las Malvinas que necesitan para mantenerse ahí arriba. Para que no se hable de la corrupción – delirante y socialmente devastadora – y de la lamentable gestión de gobierno que ésta lleva asociada.