Invitación Suite Albéniz Palma

– Alfonso, el libro me ha gustado mucho -me escribe Dominica Sánchez-, tiene mucha gracia y el ritmo lo he sentido con la naturalidad de los recuerdos y la autenticidad que te caracteriza. Escribes como eres y no es poca cosa a mi entender.

Un fuerte abrazo y mucho éxito en la presentación en Palma.

– ¡Me alegra que te haya gustado! Hace unos meses, en una inauguración, estaba hablando con dos personas: uno había leído el libro y el otro no. Curiosamente me acuerdo del lector: José María Guerrero Medina, del otro no estoy seguro. El caso es que este último me preguntó si se trataba de una biografía. La respuesta de Guerrero fue sensacional: “¡Cómo va a ser una biografía, si sólo hablas de ti!”.

Tiene razón, hablo de nosotros, Dominica, de lo que hacemos y por qué lo hacemos. La cultura no nos hará ricos, pero nos hace mejores personas. Es verdad que Albéniz da mucho juego, pero lo que intento hacer es literatura, no biografía.

Te adjunto un borrador de la continuación de este libro, que está vivo, porque narra una experiencia vital que no empieza y acaba en la primera edición. Eso descoloca un poco a mi editor, acostumbrado a tratar con escritores, pero todos los artistas sabemos que una obra no se termina, se abandona (eso no es mío, es de Paul Valéry), y de momento estoy lejos de abandonar este poema.

– Muchas gracias Alfonso, lo voy a leer con mucho gusto, precisamente lo que me interesó del libro es la forma de escribirlo, cómo vas construyendo los recuerdos, las intuiciones, sin dar paso a ninguna certeza, el tema Albéniz está y no está, a mí me ha parecido lo interesante y es una manera muy bella también de acercarse a la música, a su creador y al misterio.

Cuando lo lea, te escribo.

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Foto Maria Alzamora

Supongamos que yo fuera mañana a la Galería de los Uffizi de Florencia, y supongamos que fueran allí lo suficientemente necios como para venderme La Sagrada Familia de Botticelli por 100.000 libras: ¿no se diría que he obtenido valor a cambio de mi dinero? ¿Cuál es entonces la diferencia si en lugar de honrar a un artista muerto comprando su obra ofrezco a un artista vivo la oportunidad de producir su obra?

Párrafo de una carta de Francis Money-Coutts, mecenas y amigo de Isaac Albéniz, a Rosina Jordana, esposa del compositor.

El mecenazgo de Money-Coutts era franco y directo, aunque es probable que su origen tuviera algo que ver con la atracción que sentía su mujer, Edith Ellen Churchill, Nellie, por el talento y el talante del compositor. Francis estaba apasionadamente enamorado de Nellie y ésta de Isaac, quién sabe si solo platónicamente, y quizás Francis también lo estuvo de Isaac, vaya usted a saber, porque lo que deseaban todos era compartir una pasión. Y lo hicieron, porque de este confuso triángulo amoroso nacieron obras de la calidad de Iberia o Merlín. ¿Qué sería de Miguel Ángel sin Alejandro VI y Julio II? Otro triángulo, porque el papa Borgia y el della Rovere no se podían ver, pero ambos admiraban a Miguel Ángel y uno le encargó la Pietà y el otro los frescos de la Capilla Sixtina. ¿Y de Leonardo da Vinci sin Lorenzo de Médici? El mecenazgo también puede adoptar formas más sutiles, como un patrimonio familiar heredado o cónyuges generosos y entregados a la causa, como Peggy Guggenheim y Paul Klee, o el patrocinio de algunos galeristas y marchantes, como Khanweiler, Adrien Maeght y José Luis Pascual, que no es galerista ni marchante pero tiene una galería que es más que una galería. Hay mecenas discretos y otros que hacen pública su pasión, como Antoni Vila Casas. El caso es que los necesitamos.

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Esta pintura es de 1976. El tiempo es una cosa muy extraña. Un vida más tarde, me la miro con una mezcla de extrañeza y familiaridad. Jamás me he planteado cuestiones de estilo; doy por hecho que todo lo que salga de mis manos tiene que tener un denominador común, aunque a veces no es fácil deducirlo. De todas maneras, entre el Arlequín y el Guernica de Picasso hay un abismo. ¿O no?

31 Wanda Landowska y Leon Tolstói I

https://www.ccma.cat/catradio/alacarta/solistes/conversa-amb-alfonso-alzamora-besnet-disaac-albeniz/audio/1039559/

La entrevista es de Joan Vives, para Catalunya Música. Se grabó hace un par de meses y se emitió el sábado por la noche. No la pude oír en directo, pero disfruté escuchándola al día siguiente, solo, en mi estudio. Ese mismo día me llegaron algunas reacciones. Una de ellas provocó esta respuesta por mi parte:

Suelo decir que el gran enemigo del arte es el mercado, que crea moda, por naturaleza efímera, para hacer negocio. Todo lo que se sale de sus parámetros, perfectamente definidos, queda arrinconado en una esquina del desván, sólo al alcance de unos pocos románticos incurables. Personalmente, entre lo contemporáneo y lo intemporal me quedo con lo segundo, por lo que estoy condenado a vivir en un trastero. Es una decisión personal. Por esa razón es tan importante para mí tener los referentes históricos bien colocados, porque por ellos ha pasado el juicio del tiempo, mucho más fiable que el de los críticos y teóricos del momento. Àlex Susanna lo explica muy bien, en su Libro de los márgenes:

Construir un país –conciencia de país, quiero decir, lo que parece aún más importante que la propia construcción física o material– prescindiendo de la memoria y de su constante actualización y revalorización, es una operación condenada al fracaso. Hasta que no tengamos claro quiénes han sido nuestros escritores, pintores, escultores, músicos, científicos y humanistas, hasta que no tengamos mínimamente asimilado todo este bagaje patrimonial de la tradición no podemos aspirar a casi nada, entre otros motivos porque tampoco tendremos claro quiénes lo son ahora.

Ahí es donde entra -o debería entrar- la política institucional, que tantos disgustos nos da, en este país desesperadamente necesitado de referentes culturales de primer nivel. Si el mercado del arte está controlado por mercaderes, las instituciones están en manos de políticos, a veces con buenos funcionarios en puestos intermedios a su mando, pero con desconcertante frecuencia nos sometemos al arbitrio de extraños personajes sin más habilidad conocida que la de saber colocarse en una lista electoral.

¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, de un libro sobre un músico escrito por un pintor.

Estudio sobre el poder temporal II 1995
Estudio sobre el poder temporal II, 1985

Esta pintura es una de las dos versiones que hice sobre el Inocencio X de Velázquez y sobre los estudios que pintó Bacon en el siglo XX inspirado en esta obra maestra. Velázquez no se ganaba la vida con la pintura; su principal fuente de ingresos era su cargo de aposentador real (algo parecido a un decorador). Cuando viajó a Italia y pintó su inocencio, lo hizo comisionado para comprar obras para la colección de la casa del Rey y, de paso, pintó al Papa. Simplifico mucho, es verdad, pero por ahí anda la cosa. Con esa anécdota trato de explicar por qué los pintores. músicos, escritores y demás gente de mal vivir recurren a otros empleos para ganarse la vida. Rubens era diplomático, Lawrence Durrel funcionario del Foreign Office, destacado en Alejandría, donde escribió, de paso, su célebre Cuarteto y Alicia de Larrocha impartió toda su vida clases magistrales, como hacen la mayoría de artistas plásticos que conozco. No sé si son magistrales, pero dan clases. Vermeer dejó deudas al morir y Mozart y Rembrandt fueron enterrados en fosas comunes, porque no pudieron pagarse sus entierros, mientras que Joan Brossa, en su plenitud creativa, tuvo que recurrir a una pensión de la ciudad de Barcelona (¿o era de la Generalitat?) porque no llegaba a fin de mes. Pero somos autónomos, pagamos trescientos euros al mes para poder trabajar, vendamos o no; no tenemos sueldo fijo -fuera de las clases- y las instalaciones donde trabajamos las pagamos nosotros: alquiler, agua, electricidad, teléfono y calefacción, por no hablar del material, que suele ser carísimo, porque se considera un lujo (!). Ninguna sociedad mercantil o institución pública lo hace por nosotros. Y, si queremos seguir creciendo, porque nos apasiona lo que hacemos, tenemos que mantener abierto un departamento de I+D, donde va a parar la mayor parte de lo que ganamos y de donde raramente salen beneficios directos. Quiero decir que muchas de las obras allí fraguadas no llegan al mercado, o éste no las valora, porque no son propiamente mercancía. Sin embargo, sin ellas, no avanzaríamos. Quizás por todo ello la característica más notable de los artistas sea la inconsciencia.

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Foto Maria Alzamora

Esta foto es del día que planté la escultura Homenatge a Isaac Albéniz i Alicia de Larrocha, delante de L’Auditori de Barcelona. Fue uno de esos días en los que crees que todo cambiará. Es emocionante. Luego, nada cambia, pero sabes que el silencio es el medio natural en el que se desarrollan las grandes obras y confías en que esa que acaba de descender de los cielos, con una grúa telescópica, sea una de las elegidas. Porque es bella. Porque es adecuada. Ahí está, viendo pasar el tiempo, mientras sientes que el tuyo se te escapa como la arena del desierto entre los dedos de una mano.

Quizás espera que alguien la defina con un gesto adecuado y silencioso, como el que tuvo Hiroshi Kitamura en el Monumento a Walter Benjamin de Portbou. Teresa y yo fuimos con un pequeño grupo de amigos que no la habían visto nunca; la habitamos, porque es habitable, la disfrutamos, porque es impresionante, y en un momento dado nos quedamos solos Hiroshi y yo, en la boca de la escalera que protagoniza la parte más notable de la obra. Era el momento del silencio que sobreviene siempre en ese mágico lugar, que Hannah Arendt describió como “el lugar más bello imaginable”, el día que fue a rendir homenaje a su amigo.

De pronto oí la voz de Hiroshi, queda: “Es una invitación”.

23 Albéniz tocando el piano con un grupo de amigos y familiares. Déodat de Séverac está detrás suyo. Niza 1905

Siempre me resulta difícil definir Suite Albéniz y el jueves, caminando con Justo Romero por el antiguo cauce del Turia -una de las actuaciones urbanísticas más brillantes que he visto en mi vida-, entendí que es un libro sobre Albéniz, escrito desde la óptica de un familiar directo pero, sobre todo, de un colega, aunque profesemos disciplinas diferentes. A partir de esas premisas, mi intención última es hacer literatura. Qué significa eso es otra cuestión, pero esta mañana ya he tenido suficiente con definir una cosa. ¡No doy para más! Parece una cosa menor, pero para mí ha sido todo un descubrimiento.

También me traje de la caminata un amigo y los nombres de Esteban Sánchez y Rafael Orozco. Luego he leído que Daniel Baremboim, a la pregunta de cuándo grabaría la Suite Iberia, respondió que después de escuchar la de Esteban Sánchez poco le quedaba por añadir. Mientras escribo estas líneas escucho Chants d’Espagne por Rafael Orozco (“gallina de piel”, que diría Johan Cruyff)), que por lo visto también gozaba de la admiración de Baremboim.

La cultura en un pañuelo, en este caso de una calidad prodigiosa. En esta foto, de 1905, está Albéniz al piano rodeado de amigos, entre otros Déodat de Séverac y Paul Dukas.