porta-lluny-personatge5 (3ª copia)

Hace un par de meses asistí a la presentación de un libro en la Fundació L’Olivar. Autor y presentador hablaron de la experiencia artística; definieron la belleza como orden -creo que fue Aristóteles el que la relacionó con la armonía y el orden, precisamente- y a mí me faltaron dos palabras para completar la ecuación: creatividad y trascendencia. Para participar en el coloquio posterior opté por la segunda. Había más de cien personas en la sala y a todas les faltaba alguna, porque el tema es tan amplio que cuando los conferenciantes abrieron el diálogo al público había tantos frentes abiertos que las preguntas no cabían en la sala. Jorge Wagensberg respondió que la noción de trascendencia era fascinante y, después de decir algo interesante, profundo e ingenioso, como sólo él sabe hacer, añadió en tono irónico que Julio Iglesias vendía más que Johann Sebastian Bach y que los libros de poesía se vendían más que los best sellers.

Naturalmente esto último fue un lapsus, pero fue hermoso mientras duró.

Creo que la noción de trascendencia (una palabra rimbombante que, sin embargo, está asociada a la espiritualidad) es inherente a la experiencia artística. Procuro no darle demasiada importancia, para alejarme todo lo posible de la arrogancia, porque creo que lo importante es el deseo de trascender, que no es otra cosa que intentar detener el tiempo, un instante, para que aquello perdure.

De regreso al planeta Tierra, doy por hecho que una cosa es el anhelo y otra muy distinta la realidad subsiguiente, que nunca está a la altura de lo deseado.

maqueta perfume menina

MNINA / maqueta de aluminio y metacrilato / 11,8 x 11,8 x 3,25 cm

MNINA 2

En 1992 pensé en la posibilidad de diseñar un frasco de perfume inspirado en la figura de la Menina, que por aquel entonces estaba trabajando en dos dimensiones.

Del resultado de este desarrollo salió una pequeña escultura de hierro, formada por tres elementos que encajan entre sí hasta dar con la forma cuadrada característica de la Menina (es la única figura antropomórfica que conozco que mide lo mismo de alto que de ancho). La parte superior representa el peinado, a juego con la parte inferior, el miriñaque, mientras el prisma central sería el corpiño. Hice una pequeña serie de seis unidades de esta pieza.

Desde entonces he hecho a lo largo de los años diferentes versiones, incluyendo una bastante grande (115 x 115 x 35 cm) de aluminio, en 1999.

Mnina y María 1

Finalmente en 2005 retomé la idea original y le pedí a Pere Casanovas, en cuyo taller realizo casi todas mis esculturas, que me hiciera una maqueta con aluminio y metacrilato. De las tres piezas que componen esta unidad, la inferior es la más grande y sólo sirve para sostener el resto. Probablemente ahí debería ir el nombre del perfume y la marca. En cuanto a volumen le seguiría la parte superior, el tapón, que en esta maqueta hemos realizado en aluminio pintado de negro mate. Por último, el prisma central representa el frasco de cristal que contendrá el perfume y es la parte más pequeña del conjunto. Es una alegoría sobre la cantidad y la calidad, está claro que este perfume es algo precioso y delicado que se usa con moderación.

 

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Foto Maria Alzamora

Primer intento:

No votaré porque no confío en ellos. No creo que nuestros políticos sean los más capacitados y los mejor preparados. Mi madre solía decir que habíamos pasado de ser gobernados por los primeros de la clase, en los albores de la democracia, a serlo por los últimos y, poco más tarde, por los que ni siquiera habían asistido a clase. No creo que sean honrados, aunque algunos posiblemente sí lo fueron de inicio, antes de profesionalizarse. No quiero legitimar con mi voto la actuación de un gobierno de mayoría que interpreta que la democracia es eso: el gobierno de la mayoría, y no el respeto por la minoría. Y que, como consecuencia de esta aberración moral que es la “mayoría absoluta”, puedan quedar impunes crímenes contra la humanidad, como la entrada de mi país en la guerra de Irak, en contra de los deseos expresados por la mayoría de los ciudadanos. Guerra que además de injusta, ilegal, desproporcionada y sangrienta fue alimentada por mentiras públicas de responsables políticos que no las han asumido nunca con claridad. Tampoco quiero apoyar con mi voto un sistema en el que los ex presidentes y otros ex altos cargos cobran con generosidad y un estudiado retraso los servicios prestados a multinacionales de las que nada sabemos, en realidad.

El martes pasado fue el día internacional de los refugiados y, de repente, la gente se acordó de ellos.

Segundo intento:

Todo es cuestión de prioridades, me dicen algunos de mis amigos nacionalistas, consigamos la independencia y después solucionaremos nuestros problemas sociales. Luchemos -me dicen una y otra vez mis amigos progresistas- para erradicar la corrupción, el cáncer que nos corroe por dentro, y después afrontaremos nuestros retos sociales, que son formidables: el calentamiento global, la sanidad, la educación, la pobreza, la desigualdad y el capitalismo salvaje, mal llamado neoliberalismo, aquel que se rige por la máxima de siempre: “robar a los pobres para dárselo a los ricos”.

Mientras todo esto sucede, en el Mediterráneo se libra cada día una batalla terrible, pero la palabra “refugiados” sólo aparece el día internacional del refugiado. Europa mira hacia otro lado. Sabe hacerlo, lleva generaciones practicándolo: el pueblo alemán durante el nazismo, Austria durante la integración en el III Reich. Francia durante la ocupación o España bajo el franquismo. Somos expertos en mirar hacia otro lado.

Tercer intento:

Soy catalán y estoy a favor del derecho a decidir de los kurdos, los armenios, los corsos y los escoceses, pero también de los alicantinos y los bávaros, si se llegara a plantear la cuestión. Lo que me cuesta de entender, hablando de prioridades, es que seamos capaces de enfrentarnos al gobierno central para forzar un referéndum vinculante sobre la Independencia y, en cambio, no podamos hacer lo mismo para exigir la cuota de refugiados que nos corresponde.

La independencia puede esperar, los refugiados no.

Cuarto intento:

A mi padre le cogió la guerra por sorpresa en Barcelona (era de Palma de Mallorca), recién acabada la carrera de Aparejador. Fue reclutado inmediatamente y nombrado teniente, del cuerpo de Ingenieros. Se dedicó a construir fortificaciones. Dos años más tarde ascendió a capitán. Poco después, estando en Barcelona de permiso, se organizó un desfile y le pidieron que participara, pero no pudo hacerlo porque no sabía desfilar.

Quiero decir que no era un militar profesional, sólo un joven mareado por la Historia.

Le tocó perder y pasó a Francia por Portbou, al mando de un camión atiborrado de desgraciados como él. Me contó que el avance era tan lento que la mayor parte del recorrido lo hizo caminando junto al camión, cediendo su asiento en la cabina a una mujer con dos niñas pequeñas.

Acabó en un campo de concentración en Argelés, en la playa, en invierno, con un frío brutal, custodiado por tropas senegalesas francesas.

Los refugiados del Mediterráneo no son como nosotros, son nosotros.

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Estaba pintando una tela grande, apoyada en la pared, y demasiado cerca se estaban secando las tres telas del Tríptico Rojo Rothko, apiladas unas sobre las otras, de manera que la que asomaba al exterior mostraba la cara, es decir, la parte pintada. Debería haberla puesto del revés, para protegerla, pero quería ver cómo evolucionaba el color, día a día, hora a hora. Y sucedió lo que tenía que pasar, sin querer manché el rojo con pintura oscura, en un momento de exaltación gestual en la tela de al lado.

No me dí cuenta hasta pasados unos días, por lo visto mi seguimiento minuto a minuto no era tan estricto como pensaba. Las manchas eran pequeñas, pero suficientes para que el conjunto se resintiera, y estaban secas y firmemente asentadas en su lecho carmesí. En estas obras tan esenciales cualquier pequeña alteración es enorme.

Valoré la posibilidad de intentar borrar aquellas manchas tan inoportunas, pero soy un pésimo restaurador y sabía que el estropicio sería mayor. Finalmente decidí ser valiente, convertir el Tríptico en un Díptico y pintar encima del descartado. Sé por experiencia que una Menina encima de casi cualquier composición es perfectamente capaz de hacerla suya.

En bastantes ocasiones he pintado su poderoso contorno sobre Dameros, Sillas, Héroes Anónimos y fondos de todo tipo, y siempre los asimila, los hace suyos. Incluso los hace mejores.

Esta Menina ha nacido para reinar.

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Foto Maria Alzamora

La descripción de un paisaje algunas veces es mejor que su contemplación directa. Si el día era soleado y la luz nítida, si las montañas nevadas del Pirineo parecían más próximas y el mar al comienzo del atardecer era de color azul turquesa y las grandes piedras del muelle griego de Ampurias de un pardo claro cálido, tendemos a olvidar que también hacía bastante frío y que, como de costumbre, no íbamos suficientemente abrigados. En la evocación posterior, convenientemente protegidos del viento, obviamos estas pequeñas incomodidades.

Sin embargo, con una frecuencia abrumadora pasa exactamente lo contrario: la realidad está muy por encima de su descripción, quedando en evidencia no sólo las limitaciones creativas del autor sino también algún que otro problema personal, como la incapacidad de disfrutar plenamente del presente como no sea proyectándolo hacia un tercero, en este caso a través de una hoja de papel mecanografiada convertida en documento notarial que da fe de lo estupendo que fue este día soleado de invierno. Pero es que el arte tiene eso: la necesidad de explicarse, como si el mero hecho de existir no fuera suficiente.

Siempre he pensado que se crea por defecto, no por virtud.

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Mi vecino me explica que esta tierra que compartimos es acogedora porque durante generaciones ha sido un lugar de paso. Estos caminos le evocan imágenes de elefantes cruzando los Pirineos, al mando de un tal Aníbal; por si acaso se encuentra con uno (no aclara si animal o general) no sale nunca a pasear sin un bastón.

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dibujo de Maria Alzamora

Llegamos de York a tiempo para ir a dibujar. Estábamos cansados, ser turista es un ejercicio agotador. Estar de pie sin caminar es mucho más cansado que andar sin parar, no importa cuan larga sea la distancia recorrida. Prefiero hacer el Camino de Santiago que una visita guiada al Louvre. Pero hablábamos de Yorkshire. Los campos de colza a principios de abril están en su máximo esplendor y nos alegraron el camino, así como los imponentes árboles y los extensos prados verdes; y los animales, especialmente las ovejas, había muchas, me parece que es época de cría. El paisaje urbano es muy predecible, pero tiene encanto. Estamos en el País de las Casas Pareadas. Parece como si no supieran hacer piezas únicas, aunque las raíces del invento se remontan al Imperio, cuando Inglaterra era una potencia industrial de primer nivel y necesitaban ubicar a sus obreros más cualificados.

York es un parque temático, bonito y bien conservado.

En la Central Bus Station de Leeds nos separamos del grupo y Maria y yo nos dirigimos al campus de la Universidad. Entramos en uno de sus edificios, el más antiguo, creo, cruzándonos con algunos estudiantes de la edad de Maria y algún que otro profesor, más bien de la mía (en realidad yo podría ser perfectamente el decano). Había poca gente a esta hora, las seis y media de la tarde. En el aula 22 de la planta baja se reúne cada miércoles a esta hora un grupo de jóvenes para dibujar desnudo del natural. Long time ago se había creado una society a tal efecto, cuya junta de gobierno se renueva cada año. Precisamente este día tocaba escoger a los próximos gestores, pues el curso se acababa y sólo quedaba una sesión, aparte de ésta.

Los miembros de la society pagan dos pounds por sesión, los invitados, tres. A los modelos se les paga veinticinco por dos horas posando.

Aunque la breve asamblea previa no tenía nada que ver con nosotros fue interesante ver su desarrollo. El que parecía el presidente saliente era un joven alto y muy apuesto. Hablaba pausadamente, con un agradable tono de voz, grave; parecía muy seguro de sí mismo. Lo tenía todo: físico y actitud, en unos pocos años podrá liderar la nación o recibir un Óscar en Los Ángeles por su trabajo en una película inglesa de bajo presupuesto y alto nivel cultural. La mayor parte del tiempo cedió la palabra a una chica, también muy atractiva, que moderó la discusión con eficacia y simpatía. Parecían formar un buen equipo; si ellos habían dirigido la society aquel año seguro que lo habían hecho bien.

Sólo había una candidatura para el relevo, liderada por una estudiante de Psicología, apoyada por una compañera que estaba sentada a su lado. Se presentó, supongo que explicó por qué quería presidir la junta gestora el año próximo (mi inglés es insuficiente para seguir un debate como éste) y, de salir elegida, pedía gente que la ayudara en su nueva responsabilidad. Dos chicas que estaban a nuestra derecha levantaron la mano, ofreciéndose; estudiaban medicina, o enfermería, no lo entendí bien. En este momento entraron otras tres jóvenes (había al menos cinco o seis chicas por cada chico) con una rubia de pelo largo y lacio al frente; una chica potente, como suelen serlo las inglesas rubias, altas, con el pelo liso y bien proporcionadas. Se sentaron cerca de la puerta. La speaker les puso rápidamente al corriente y entre risas todos aprobaron la nueva dirección.

Una agradable lección de democracia británica.

Sin más dilación empezamos la sesión. En una mesa junto a la entrada había material a disposición del que se lo hubiera dejado en casa, como era nuestro caso, y pudimos coger un bloc cada uno y lápices, en el caso de María, y carboncillo, en el mío, además de gomas de borrar. Y un pañuelo de papel, imprescindible para el carboncillo.

Me defendí mejor de lo que esperaba; excepto una corta sesión que compartí con mi padre poco antes de que muriera (a él le encantaba dibujar desnudo), hacía al menos cuarenta años que no practicaba el dibujo de desnudo del natural. En la segunda hora las poses eran de veinte minutos (las de antes eran mucho más cortas) y me dio tiempo a descansar de vez en cuando y mirar alrededor mío; a la modelo, a los estudiantes y a Maria, que se subió encima de una mesa para tener una perspectiva mejor. Me admira su decisión y su falta de complejos en estas situaciones, sabe concentrarse en el objetivo y hace lo que sea para estar en la mejor disposición para conseguir hacer bien su trabajo. Como fotógrafa está acostumbrada a dominar el espacio en el que actúa. Si lo considera necesario se sube por las paredes, se arrastra por el suelo o se sube a una lámpara de techo para conseguir el encuadre que busca, sabiendo que de este instante lo único que quedará para la posteridad es lo que ella está inmortalizando.

Dibujando nos olvidamos de que estábamos en Leeds, una ciudad del norte de Inglaterra, no lejos de Escocia, de Shefield y del Yorkshire Sculpture Park, en su famosa universidad, cerca de un barrio llamado Headingly, donde hay un hotel encantador llamado Haley’s, rodeados de jóvenes que comparten una afición, cada uno de ellos desde un lugar y una óptica diferentes. Yo olvidé mi edad (no era fácil, en aquel entorno) y Maria que estos meses está viviendo una experiencia que será, sin duda, un punto de inflexión en su vida, recién descubierta la independencia, la distancia y la extranjería. Ser tan sólo una sonrisa y un nombre mal pronunciado puede crear una especie de adicción en según qué tipo de personas (yo las llamo indómitas), y Maria es una de ellas. Pero en este momento estaba muy concentrada en el arco que formaba el perfil del torso de la modelo -ahí donde el pecho dibuja delicadamente su contorno- con el brazo extendido y el muslo, donde descansaba la mano, formando un triángulo muy sugerente. No se daba cuenta, pero estaba dibujando precisamente los límites del vacío, no los del cuerpo.