basquiat VII

…Su deseo tal vez se convierta en realidad, a la vista de la pérdida de la fibra intelectual del Whitney Museum y el número de personas propietarias de Basquiats, cuyo precio mejoraría con una “adecuada retrospectiva”. Después podría organizar otra el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, porque sus administradores también tienen un montón de Basquiats. Esto se conoce con el nombre de Ética del Museo Posmoderno, y muestra con qué poco puede hacerse historia del arte.

Robert Hugues

95 Retorno al país de las almas

Ayer noche vi una película que me impresionó: Retorno al país de las almas, de Jordi Esteva. Relata unas ceremonias de iniciación de cultos animistas ancestrales en el sureste de Costa de Marfil.

En realidad, no hay película; en ningún momento tienes la impresión de que ahí, en medio del círculo sagrado, con unas mujeres en trance espolvoreadas de blanco y unos percusionistas tocando con un ritmo trepidante los más variados instrumentos, hay una cámara grabando. Sólo en unas pocas secuencias de enlace se advierte que los personajes actúan, como cuando nuestro anfitrión Yéo, el que presta su voz en off y nos guía a lo largo de toda la película, llega a un poblado y su sobrino corre alborozado a saludarlo. Imagino que se alborozó al menos otra vez, la original, pero son sólo episodios intrascendentes y enternece saber que lo suyo no es el teatro.

Se agradece que todo el protagonismo lo acapare la narración y que nadie del equipo aparezca en ningún momento en escena. Detesto los documentales con susurros ante la cámara, acompañados de sonrisas cómplices, de naturalistas franceses o australianos (disfrazados de Grace Kelly y Clark Gable en Mogambo) formados en universidades norteamericanas.

Nunca he estado en África, ahora al menos puedo decir que la he visto. Las imágenes son bellísimas, la fotografía impactante y los personajes son reales y, por lo tanto, interesantes y atractivos. Lo que cuenta Yéo Douley no lo entiendo, tampoco lo intento, sé que sabe cosas que yo ignoro y con esto me basta. Le acompaño en su viaje, subo en vetustos autobuses todo-terreno, vadeo ríos, saludo a familiares, amigos y conocidos y me adentro en la selva cuando me invita a hacerlo.

Los sacrificios de animales no me gustan porque hace varias generaciones que otros matan por mí, pero sigo con atención todos y cada uno de ellos hasta que, por fin, una gallina muere bien, con las patas hacia arriba, y nuestro sufrido aspirante a mago y curandero suspira aliviado. Podrá ejercer.

Recuerdo otro documental, que he visto recientemente en televisión, en el que aparecía una procesión de seis o siete curanderos andinos, la mayoría simples ayudantes, tocados con unos ponchos y gorros de lana en los que predomina el color rojo, ejerciendo su medicina tradicional. Llegan a los poblados, reúnen a la gente, se interesan por los enfermos, matan también un animal y leen sus entrañas; y, después, salen a recolectar hierbas mientras cantan canciones en lenguas que sólo ellos conocen. Parecen muy primitivos, puede que lo sean, pero conocían la quinina para tratar la malaria siglos antes que la medicina occidental.

Es evidente que estas mujeres que participan en las ceremonias filmadas por Jordi Esteva y narradas por Yéo están conectadas con la naturaleza de una manera que yo soy incapaz de comprender. A lo máximo que llego es a establecer que un día abandoné la ciudad para vivir de una manera más natural, pasé por una experiencia compartida en una casa aislada en el monte sin agua ni electricidad y recalé finalmente en Ordis, un pequeño pueblo del Ampurdán, donde monté un estudio en el que pasan algunas cosas que también son difíciles de explicar y de comprender para el profano. Hasta aquí he llegado.

Quiero decir que estas aldeas de Costa de Marfil, habitadas por los akán, quedan un poco más allá de Ordis, visto desde Barcelona.

Otra cosa que me impactó, más banal (pero no tanto), fue un baile en la terraza de un bar, en una avenida de una ciudad desconocida. Llamarla terraza es una sublimación, lo de avenida pura exageración, y la ciudad parecía más bien un campamento hecho a base de ladrillo, pero los bailarines eran increíbles: guapos, elegantes, sensuales, con mucha clase. ¡Sofisticados! La camarera destacaría en un local de moda en Manhattan, y no sirviendo copas, precisamente.

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Para llegar a la más simple de las verdades, como sabía y predicaba Newton, se necesitan ”años de contemplación”. No de actividad. No de razonamiento. No de cálculo. No de comportamiento activo de ningún tipo. No de lectura. No de hablar. No de hacer un esfuerzo. No de pensar. Simplemente de “tener en mente” lo que uno necesita saber. Y aún así, a quienes tienen el valor de seguir este camino hacia el verdadero descubrimiento no sólo no se les ofrece guía alguna sobre cómo hacerlo, sino que se les desalienta activamente y tienen que llevar a cabo su búsqueda en secreto, pretendiendo, al mismo tiempo, encontrarse sumidos en diversiones frenéticas y conformes con las opacas opiniones personales que continuamente se les echa encima.

Laws of form / G. Spencer Grow

David

Durante siglos, Europa había vivido sometida al poder eclesiástico, y para paliarlo vino la Ilustración, con la bienaventurada promesa de liberar al mundo de todas las supersticiones y yugos sociales del pasado. Entonces, los vientos de la historia soplaron hacia esta meta dorada. Pero esto tuvo un precio: la realidad se tornó fría, fáctica, literal; y, poco a poco, el mundo fue haciéndose cada vez más pragmático, feo y deshumanizado. Contra esa áspera sequedad del espíritu implantada por la Revolución Industrial, se rebelaron los surrealistas, capitaneados por Breton, con el impetuoso afán de buscar en la otredad la belleza y verdad de la vida, por la sencilla razón de que una realidad desprovista de poesía resulta insoportable.

Libros, Secretos / Jacobo Siruela / Ed. Atalanta

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– Sin embargo, dicen que no hay nada más embriagador que el hablar a una multitud y moverla en la dirección que uno desea. Dicen también que los aplausos producen una delicia profunda. Y gentes que han saboreado ambos me dicen que los placeres de gobernar son muy preferibles, aunque no sea más que porque son bastante más duraderos, a los que puedan derivarse del amor y del vino. No, no, Mr Falx. Si quisiéramos juzgar nos encontraríamos tan justificados en condenar su relajación y su vida de placer como usted al desaprobar la nuestra. Yo siempre he observado que las más adustas y feroces denuncias de la obscenidad literaria se encuentran en los periódicos, cuyos directores son notorios dipsomaníacos. Y los políticos y reformadores más vanos son los que denuncian más fieramente la corrupción de la época. Uno de los más grandes triunfos del siglo XIX fue el limitar el significado de la palabra inmoral de tal manera que únicamente quienes beben demasiado o aman con excesiva copiosidad son ya inmorales. Todos los que cometen el resto de los pecados capitales pueden mirar desde las alturas, y con escandalizada indignación, a los lascivos y a los glotones. Esta exaltación de dos pecados capitales me parece notoriamente injusta. En nombre de todos los rijosos y bebedores, protesto solemnemente contra esta distinción arbitraria que nos perjudica. Créame, Mr Falx, no merecemos que se nos condene más duramente que a los demás. Y le aseguro que si me comparo con alguno de sus amigos políticos, realmente encuentro sobrados motivos para juzgarme un pobrecillo bonachón.

Arte, amor y todo lo demás / Aldous Huxley

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Fragmento de “Cuatro Meninas y el New York Times”

Leo con interés la entrevista a Julian Assange en El País de hoy, domingo 24 de octubre de 2010. Me recuerda un poco a Baltasar Garzón, sin saber muy bien por qué.

Grigori Perelman pensaba que el mundo de la ciencia era un lugar especial, poco contaminado, entre otras cosas porque sus miembros son cuidadosamente seleccionados por sus conocimientos. No puede entrar cualquiera en este selecto club, desde luego. Entender de qué va la conjetura de Poincaré, por ejemplo, es elemental, el primer día de curso se da ya por sabido; otra cosa es resolverla, como hizo él. Supongo que Assange también debió pensar alguna vez que los periodistas eran seres especiales, en una sociedad global muy mal gestionada. No es que sean los “guardianes de la revolución”, pero sí que tienen los instrumentos y la oportunidad (y quizás el deber) de denunciar los excesos de un poder frecuentemente corrupto e inmoral. Hasta que un día se despertó y contempló tan horrorizado como Grisha que la complacencia de la prensa con el poder establecido se podía definir directamente como connivencia, tal es el grado de identificación entre unos y otros.

En el mundo del arte también son frecuentes estos despertares sobresaltados.

No sé cómo es Assange realmente. Lo han acusado de todo lo imaginable; revelar secretos militares no es una buena manera de hacer amigos. Yo no he sido nunca hacker aficionado, ni estoy acusado de acoso sexual (no me he creído una palabra de esta campaña, un clásico de los servicios secretos); tampoco soy exhibicionista ni autoritario, no he tenido nunca la necesidad de huir de sectas religiosas del Medio Oeste americano (parece ser que le pasó a él, en su juventud) y no utilizo emoticonos, a lo mejor esta es la razón por la que nunca he tenido el valor ni los recursos necesarios para enfrentarme con el Sistema en su propio terreno.

Ahora bien, para mí el gran protagonista de esta historia es sin lugar a dudas el soldado Bradley Manning. Assange puede y debe tener su lado oscuro, como todos los señores de una cierta edad, pero el soldado de primera clase Manning no. Parece ser que tuvo serios problemas de identidad sexual, eso sí es verdad, algo relacionado con la transexualidad, que lo perturbaron hasta el punto de provocar algunos incidentes durante su período de formación en el Cuerpo de Marines. En este contexto al Ejército estadounidense, que conocía los hechos, no se le ocurrió otra cosa que destinarlo a Inteligencia Militar y enviarlo a Irak. Una decisión cuanto menos sorprendente. Por sus manos empezó a pasar información reservada de alto voltaje que hirió su sensibilidad, que ya estaba a flor de piel, y tomó la arriesgada decisión de hacerla pública, con la esperanza de que de esta manera se frenaría aquella barbarie consentida.

Era información muy vulnerable. Y, bueno, se la mandé a Wikileaks. Dios sabe lo que sucederá a partir de ahora. Espero que haya una gran discusión mundial, debates, reformas. Si no es así, estamos condenados como especie.

Quiero que la gente vea la verdad, independientemente de quiénes sean, porque sin información no podemos tomar decisiones serias como ciudadanos. Si hubiera sabido hace tiempo lo que sé ahora …

En sus conversaciones con el legendario y enigmático hacker Adrian Lamo se muestra frustrado, desengañado y resentido con el Ejército, su país y la religión. A mí me inspira una enorme ternura el soldado Manning, con sus vacilaciones, desengaños y fragilidades (… o a lo mejor sólo soy joven, inocente y estúpido …), por otro lado propias de un joven que apenas ha superado los veinte años y se hace preguntas.

Ahora, a finales de 2016, acabo de completar este trío de héroes norteamericanos. El tercero es, naturalmente, Edward Snowden. Acabo de ver la película de Oliver Stone que lleva su nombre. Es estremecedora y, al mismo tiempo, es bella, porque narra la aventura de un joven valeroso.

Es muy interesante la reflexión que hacen Assange, Manning y Snowden sobre el patriotismo, este nacionalismo tóxico (lo hay benigno, pero entonces es pastoril y, por lo tanto, inofensivo) que pretende justificar lo injustificable.

La película es bella porque Oliver Stone desaparece de la pantalla, cediendo todo el protagonismo a la historia que quiere contar. Spielberg, por ejemplo, esto no lo sabe hacer, siempre hay un momento en el que aparece él y la magia se desvanece. Jordi Esteva es otro ejemplo de cineasta que sabe eclipsarse cuando el guión lo exige. Almodóvar, no. El milagro creativo sucede cuando el autor desaparece, entonces la película deja de ser ficción para convertirse en parte de la realidad que nos envuelve.

Me gustaría no quedarme con lo obvio: lo poco ético que resulta espiar a todo el mundo, literalmente, con la excusa de la Seguridad Nacional. Es políticamente correcto expresarse así, desde luego, pero Obama lo hizo antes de ser Presidente y se desdijo cuando asumió el cargo de Comandante Supremo.

El enemigo, como en las películas de James Bond, es una organización a escala mundial que lleva el nombre de Control.

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Foto Maria Alzamora

Pere Casanovas lo dirige todo con la corbata puesta. Toma las decisiones, elige a los operarios para diferentes misiones según sus habilidades y talentos, supervisa cada paso, con frecuencia baja a la arena y se pone a trabajar físicamente en ésta o aquella pieza. Sin darse cuenta se mancha la americana y no está Rosa para arreglar la situación. En sus zapatos suele haber alguna muestra de dónde ha estado. Pasa mucho tiempo en la mesa de despacho dibujando y calculando el grosor adecuado de la plancha y las cuartelas que pondrá en el interior del poliedro central de la “Pareja”, una obra de un metro ochenta de altura que estamos haciendo en este momento, para que el peso de la arista sea perfecto. Y atendiendo también a un teléfono insistente, haciendo presupuestos de obras que jamás se harán y de unas pocas privilegiadas que sí verán la luz, hablando conmigo de sueños de acero, con Perejaume de poesía, con Frederic Amat de edificios que lloran y con Jaume Plensa de alfabetos de diferentes culturas.

Yo doy vueltas alrededor de los fragmentos que formarán parte de una obra que parecerá construida de una sola pieza, hago algunas fotografías con permiso de Joan Piera y de el José, comento con Pere la próxima escultura negra de metal: una Menina que acabo de llevarle maquetada en madera. Hablamos de medidas y acabados, a mí me gustaría pintarlas de negro y a Pere le gusta más el color óxido del acero cortén de toda la vida. Me habla de una imprimación que oscurece el metal, pero que deja que se vea su textura. Es como una veladura. Le pregunta a Didac si hay por el taller alguna muestra para que yo lo vea. Hacemos unas pruebas que me gustan mucho. Respiro aliviado, las Esculturas negras serán … ¡negras!

Luego nos sentamos en el despacho y le explico mis planes para el Homenaje a Isaac Albéniz, Alicia de Larrocha y Francis Money-Coutts.

Anochece cuando salgo del taller y enfilo la autovía de Granollers, camino de la AP7 que me llevará hasta Ordis.